lunes, 8 de enero de 2007

II - Esmirna (1a. parte)

Capítulo II
E S M I R N A
(1a. parte)

SINOPSIS DE ESMIRNA

Tiempos de amargura de la Iglesia
Período de los mártires - Grandes pruebas para los santos - Los catecúmenos - Sinagogas de Satanás - Los judaizantes.

Herejías de los siglos II y III
Herejes y herejías: Marción - Sabelianismo - Montanistas - Maniqueísmo.

Las diez grandes persecuciones
Bajo el gobierno de los emperadores romanos: Nerón - Domiciano - Trajano - Antonino Pío - Marco Aurelio - Septimio Severo - Maximino Tracio - Decio - Valeriano - Diocleciano - Grandes mártires: Pedro - Pablo - Juan - Clemente de Roma - Policarpo de Esmirna - Justino Mártir - Perpetua y Felicita - El diácono Lorenzo.

Los primeros llamados padres de la Iglesia
Clemente de Alejandría - Orígenes - Gregorio Taumaturgo - Escuelas Teológicas: Alejandría - Antioquía - Asia Menor - Cartago.

Los apologistas y polemistas
Apologistas: Aristides - Epístola a Diogneto - Justino Mártir - Melitón - Apolinar de Hierápolis - Atenágoras - Milciades - Teófilo -Taciano - Minucio Félix - Hermias - Polemistas: Ireneo - Tertuliano.

Los vencedores de Esmirna
Segunda recompensa: Recibirán la corona de la vida y no sufrirán daño de la segunda muerte - ¿Qué es la muerte segunda? ¿A qué se refiere el sufrir daño de la segunda muerte?

LA CARTA A ESMIRNA.
"8Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto: 9Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. 10No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. 11El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la muerte segunda" (Apocalipsis 2:8-11).

Trago amargo
La localidad de Esmirna estaba situada en Asia Menor, en las costas del mar Egeo, en el golfo del mismo nombre. Fue una antigua colonia de los jonios, y más tarde hizo parte de la provincia romana de Asia. Se dice que bajo la protección de Roma fue, en el Imperio bizantino (de Constantinopla), uno de los centros de expansión del cristianismo. Hoy es una ciudad de Turquía, conocida en el idioma turco como Izmir, y es la capital de la provincia homónima.1
Es la segunda carta de las siete de Apocalipsis, y está dirigida a una iglesia que representa la condición y características de la Iglesia en el período profético comprendido entre final del siglo primero hasta el año 313 d. C.; es decir, entre el subperíodo subapostólico y muerte del apóstol Juan hasta la promulgación del Edicto de Tolerancia, o Edicto de Milán, del emperador Constantino el Grande. La carta comienza diciendo: "Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto:" (v.8).
El término Esmirna (Izmir) procede de la misma raíz griega de mirra, o sea, myrrh, cuyo significado es "amargura", lo cual se relaciona con el sufrimiento. La mirra es una gomorrecina preciosa que se obtiene practicando incisiones en la corteza de la planta, y de esas heridas fluye la mirra en forma de lágrimas, que al desecarse se tornan rojizas, traslúcidas, frágiles y de factura brillante. En tiempos antiguos, la mirra, considerada un material precioso, fue usada en inciensos, perfumes, ungüentos, medicinas, y se hacía ofrenda de ella en el culto y los sacrificios. Entre los elementos que eran añadidos al óleo de la santa unción, estaba la mirra, que representa la obra del Señor en la cruz, o sea, la muerte; por eso la mirra servía para embalsamar a los muertos, como lo que quisieron hacer las mujeres que visitaron la tumba del Señor Jesús. De lo anterior colegimos el profundo significado de la palabra Esmirna, significado que nos revela la condición de la iglesia en esa ciudad y del segundo período histórico-profético de la Iglesia, la Iglesia sufriente.
La situación de los santos de la iglesia en la ciudad de Esmirna era estrecha, presionados en un foco de adoración al César, cualquiera que fuese el emperador de turno. Se dice que en esa ciudad residían muchos judíos que no perdían oportunidad de incitar a las autoridades y a la gente común a la persecución contra los cristianos. Al comienzo los principales perseguidores eran los judíos aferrados a su religión, pues les parecía que estaban siendo socavadas sus amadas y milenarias instituciones y tradiciones judaicas. El período de Esmirna se caracteriza porque durante ese lapso la Iglesia fue objeto de diez grandes persecuciones por parte de los emperadores romanos. Es el período de los mártires, de la Iglesia perseguida, es la Iglesia en prueba, no porque haya estado pasando por un bajón espiritual, no; al contrario, eso demuestra que se trataba de un período de mucha madurez espiritual, no eran unos niños en la fe, pues a los niños no se les puede tener la suficiente confianza para someterlos a semejantes pruebas.
Por amor, el Señor les concede a los maduros pasar por pruebas, porque la Palabra de Dios dice que eso es necesario para la Iglesia; y el Señor los estaba preparando para mayores pruebas que se avecinaban. Es la Iglesia en amargura. Ya la Iglesia de Cristo había pasado por el período de gestación, de la gloriosa llenura de la presencia y el poder del Espíritu Santo, dotándola de las herramientas necesarias para un trabajo sobrenatural en medio de un mundo saturado por los principios satánicos, pero habiendo empezado a perder su primer amor desde la época de Efeso, y al borde de iniciar una época de sangrientas persecuciones, por eso a esta iglesia, el Señor se presenta como el primero y el postrero, o sea, el eterno, atributo sólo de Dios; primero porque le ha dado comienzo, origen a Su propósito eterno, y postrero porque lleva a consumación todo lo que se ha propuesto; sólo Él es eterno, y eso significa también que no tuvo principio ni tendrá fin, y como Dios jamás cambia, es inmutable y por lo tanto confiable, digno de toda confianza. La perseguida iglesia en Esmirna necesita el respaldo del Señor, fiel, poderoso, inmutable, el Cordero que fue destinado e inmolado desde antes de la fundación el mundo como sacrificio por nuestros pecados (cfr. 1 Pedro 1:20; Apocalipsis 15:8). Esto significa que Cristo fue el primer mártir, pero vive porque resucitó, la muerte no pudo retenerle. Los alienta como si les dijera: No temáis, pues el juicio y la muerte a que os someten ahora son pasajeros. Yo soy el juez del último juicio, y soy la resurrección y la vida. Eso le da seguridad de existencia a la Iglesia. Hay ocasiones críticas en el existir humano, aun en la vida de muchos santos, en que paradójicamente no es fácil sostenerse en la fidelidad de Dios, pues no importa que seas un gigante en la fe; ten cuidado, puedes fallar. Pero Él está ahí; siempre está ahí. Él quiere animar e infundir confianza a los santos de Esmirna.
Además de las anteriores credenciales, también el Señor se les presenta como el que estuvo muerto y vivió, en donde el Señor se está refiriendo a Su muerte por crucifixión y gloriosa resurrección al tercer día. Para Él pedirle a la Iglesia que sea fiel hasta la muerte, Él mismo lo había sufrido antes, Él mismo había pasado por esa amarga experiencia. Eso es de gran ayuda, aliento y consuelo para la Iglesia sufriente. A Cristo lo llevó a la cruz un poder religioso, el judaísmo, asociado con uno político, el Imperio Romano; el Señor no se mezcló con ese binomio, y fue crucificado en una aparente derrota, de donde salió victorioso, pues el Señor fue glorificado por Su muerte, y al resucitar, Su poder superó al que había tenido en los días de Su humanidad. El Señor fue el primer vencedor.
Dice el apóstol San Pablo que si el Señor Jesucristo no hubiese resucitado, seríamos, los cristianos, las personas más dignas de conmiseración de todos los hombres, pues vana sería nuestra fe (cfr. 1 Corintios 15:17,19); de manera que el Señor está vivo, y el mismo poder que resucitó al Señor Jesús, eventualmente nos resucitará a nosotros. Debemos permanecer firmes en la gran victoria de Cristo sobre la muerte y sobre Satanás. La gran ola de psicología y apología de la prosperidad que ha invadido al cristianismo tiende a cubrir con una gran cortina de humo lo del sufrimiento en la Iglesia; por Su bondad y Su sabiduría, el Señor no siempre nos libra de la angustia y la tribulación; pero si no se sufre no se puede triunfar. ¿Qué se entiende por triunfar? ¡Cuidado! No confundas las bendiciones materiales de Deuteronomio 28, prometidas para un pueblo terrenal como Israel, con las bendiciones de tipo espiritual exclusivas de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, escondida con Él en lugares celestiales. Nuestra posición con relación al Señor es diferente a la de Israel. Para Israel son las promesas de tipo terrenal, para la Iglesia tomar la cruz cada día y seguir al Señor en un mundo en que somos peregrinos. Si la Iglesia se interesa por triunfar en las cosas materiales y en las ambiciones de poder que a menudo se esconden en los asuntos de la política y demás enredos de este mundo, inmediatamente se desvía del verdadero propósito del Señor.
El Señor ha determinado para la Iglesia una clase especial de trabajo y posición ante el mundo, que necesariamente conlleva el sufrimiento, porque la Iglesia de Cristo es también un ejército en constante lucha, y esa es la razón por la cual el Señor nos dice que nos fortalezcamos en Él, y en el poder de Su fuerza. ¿Por qué? "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Ef. 6:12). Constantemente el sufrimiento debe estar en la agenda del creyente, así como el Señor Jesucristo estuvo siempre consciente de esa situación, y de saber que Su encarnación se debía a que vino a morir vicariamente por nosotros, con todo ese bagaje de sufrimiento que afrontó. Si el Señor estima que debemos sufrir, es porque nos conviene sufrir. Que en su momento Él determine librarnos del sufrimiento, que eso lo decida Él conforme a su infinita sabiduría, misericordia y soberanía. Seamos sobrios y no nos dejemos hipnotizar o embriagar por el espejismo del triunfo secular. Nuestro verdadero triunfo está con el Señor en Su reino. Si el Señor permite la tribulación en Su Iglesia, es porque la Iglesia lo necesita. El cristiano vencedor se goza en medio de las tribulaciones y a pesar de ellas (cfr. Fil. 2:17; 2 Co. 7:13; 12:10). Aunque parezca una paradoja, por un lado nadie puede continuar la redención del Señor, pero por el otro es necesario que la Iglesia cumpla lo que falta de Sus sufrimientos, tanto a nivel individual como colectivo. Dice el apóstol Pablo: "Cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia" (Col. 1:24). Tengamos en cuenta que la obra de la redención en la cruz se llevó a cabo una vez por todas (He. 9:28; 10:12,14); pero una cosa es la obra de la redención, que ta está completa, y otra es la aplicación de la redención a través de la historia, pues el mismo Cristo que nos redimió en la cruz, es el mismo que ahora vive en el creyente (Gá. 2:20), completando así en nuestra carne, llenando lo que falta de lo que Él realizó en Su propia carne en la cruz, porque nosotros somos ahora Su cuerpo, la Iglesia. Nosotros fuimos también crucificados.

Ricos en la pobreza
"Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás" (v.9).
Alabamos al Señor porque Él conoce las obras de la Iglesia. En el segundo período profético de la Iglesia, a pesar de los conflictos internos, los creyentes de antes de la época de Constantino continuaban formando comunidades que no se habían desviado de los principios del Nuevo Testamento, y en medio de ese entorno hostil a la Palabra de Dios, la Iglesia del Señor se distinguía por su calidad de vida frente al mundo pagano. A modo de ejemplo, comentamos que en esa época no se había introducido lo del bautismo de los niños, pues las familias cristianas esperaban que sus hijos reconocieran por sí mismos y recibieran voluntariamente al Señor (aunque algunos cristianos han visto en ciertos versículos bíblicos que se refieren al bautismo, la posibilidad de que hayan sido bautizados algunos niños, como en el caso de Hechos 16 en relación con las familias del carcelero de Filipos y de Lidia de Tiatira). No obstante debemos recordar en el texto de Hechos 8, la respuesta de Felipe a la pregunta del eunuco sobre cuáles eran los requisitos para el bautismo, y la respuesta fue, la fe. Se debe tener conciencia de que el bautismo no es condición necesaria para la salvación, sino un acto público de testimonio y obediencia, y era administrado por inmersión. Aunque al comienzo no fue así, llegó el tiempo en que los convertidos pasaban por un período de aprendizaje o preparación para el bautismo; eran los catecúmenos. En muchos casos los catecúmenos eran bautizados enseguida. No obstante, que la Iglesia continuaba en el desliz iniciado en la segunda mitad del período de Efeso, nos atrevemos a afirmar que aún en esa época el amor era el vínculo más fuerte de unión.
En las iglesias locales se acostumbraba destinar las ofrendas a un fondo común principalmente para la ayuda de los santos pobres, con la participación y dirección de los ancianos de la iglesia. Los que recibían una ayuda sistemática eran los matricularii, pues estaban inscritos en la matrícula, o sea, que había una lista o canon de las viudas, huérfanos, ancianos sin recursos, los que habían perdido sus bienes a causa de una desgracia (un naufragio, por ejemplo), los que en tiempos de la persecución habían caído en la miseria, y demás necesitados. Por ejemplo, es digno de mención que en la comunidad cristiana de Roma llevaban un registro de los hermanos que habían sido enviados a trabajos forzados en las minas de la isla mediterránea de Cerdeña, para mandarles ayuda. La Iglesia no se cuidaba de atesorar ni de incrementar su patrimonio; no había el interés de construir lujosos y grandiosos templos para las reuniones, y los dineros no eran desviados a cubrir gastos que no fueran estrictamente necesarios, aparte de atender a los santos pobres. La Iglesia de Jesucristo carece de tesoros terrenales, como lo atestiguó el diácono Lorenzo cuando, ante el tribunal pagano, se le conminó a que entregara los tesoros de la iglesia, él contestó que los tesoros de la comunidad cristiana son los santos pobres. ¿De dónde provenían estos recursos? La ofrenda es un acto de adoración y honra al Señor, y debe ser voluntaria.
Dice Tertuliano que "cada uno da una vez al mes o cuando quiere, si es que quiere alguna vez, y si puede, pues a nadie se le obliga". Respecto de esto, es digno de mencionar también que Justino Mártir en la descripción de las reuniones dominicales de la iglesia para la Cena del Señor, y que a mediados del siglo segundo empezaban a llamarle eucaristía, de una palabra griega que significa el dar gracias, dice que las contribuciones hechas por los hermanos pudientes, eran depositadas en manos del oficial presidente de la reunión, el cual se encargaba de usar esos fondos para socorrer a las viudas, a los huérfanos, a los enfermos, a los prisioneros, a los extraños que visitaban a los cristianos y a otros que atravesaban por alguna necesidad. En el período de Esmirna, la Iglesia es alentada. Es una de las dos, con Filadelfia, que no recibe reproches del Señor, y la anima y aprueba esas obras en el sufrimiento. El Señor sabe cuál es el origen de ese sufrimiento; Él conoce la tribulación debida a la amarga persecución de que es objeto Su amada, y que detrás de bambalinas es Satanás quien en verdad está interesado en destruir a la Iglesia de Jesucristo, pero el querubín caído se vale de sus instrumentos humanos para realizar su labor destructiva, y en esos doscientos años del período de Esmirna usó todo el poderío imperial para efectuar sus protervos deseos. El Señor permite la tribulación en Su Iglesia, entre otras cosas, para capacitarla para que participe y disfrute de las riquezas de la vida del Señor.
Eventualmente la historia registra la acción de los emperadores romanos. ¿Qué motivos aparentes movían a los Césares a perseguir a los cristianos y pretender extirparlos? ¿Qué males le acarreaban los santos al Imperio y a la sociedad? ¿Eran los creyentes unos delincuentes? Los cristianos hacían el bien; conformaban un grupo obediente a la ley, pero eran odiados y perseguidos de muerte debido a que no compartían la idolatría y la adoración a los dioses ajenos; en consecuencia eran considerados unos alienados, personas insociables, desafectos o aborrecedores de los demás seres humanos; eran considerados también unos ateos porque no creían en los dioses paganos, y todo eso iba alimentando un antagonismo morboso. También consideran los historiadores que la negativa de muchos cristianos a ejercer cargo de magistrados, portar armas y rendir culto al emperador, los hizo oficialmente sospechosos. En los primeros siglos, en los tiempos de la República, se rendía culto a Roma, pero con el establecimiento del imperio, los emperadores, con el título de Augustos, fueron considerados "divinos", pues les llamaban præsens divinus (divinidad encarnada), y reclamaron culto a su persona, tal vez siguiendo la costumbre heredada desde los tiempos de Alejandro Magno.
Similar a lo que ocurre hoy en torno a las religiones idolátricas y supersticiosas, con esa efervescencia en la fabricación de toda suerte de objetos religiosos, ese gran comercio con misas fúnebres, responsos, crucifijos, imágenes, escapularios, estampas, medallas, sufragios, veladoras y miles de cosas más, en ese tiempo se habían cristalizado fuertes intereses financieros en la industria religiosa pagana; sacerdotes y laicos relacionados con los templos de los ídolos, los fabricantes de imágenes, escultores, arquitectos de templos, artesanos de réplicas de templos, como el caso de los plateros de Efeso; todos ellos veían afectados sus pingües negocios por el avance de la Iglesia, e incitaban y promovían la persecución en contra de los santos.
El Señor también le dice a la Iglesia en Esmirna que conoce su pobreza. Algunos exegetas consideran que se trata de una pobreza económica, lo cual en parte puede ser verdad; y consideramos que estar atribulados y perseguidos en medio de escasez ya de por sí es una gran calamidad. Pero si analizamos más detenidamente el contexto y profundizamos el significado, obtendremos nuevas luces sobre este rasgo tan importante de la Iglesia en el período de Esmirna. Cuando le dice que conoce su pobreza, a continuación, y en contraste, le añade las palabras "pero tú eres rico"; es decir, que hay una riqueza en el Señor que genera esa pobreza de espíritu. Es todo lo contrario de lo que le dice a la iglesia en Laodicea: "Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo" (Ap. 3:17). Se dice que esta riqueza de que se enorgullece la iglesia en Laodicea no es necesariamente de tipo material, aunque también hay parte de eso; nótese que ya de por sí esa expresión encierra soberbia, y el Señor le aclara su verdadera condición espiritual. El verdadero vencedor es pobre en espíritu y rico en Dios.
Asimismo ocurre en el caso de Esmirna. La pobreza de esta sufrida iglesia puede tener sus visos de necesidades materiales, y de hecho los tiene si tenemos en cuenta que por causa de las persecuciones eran despedidos de sus trabajos, sus bienes confiscados y sufrían pérdidas por diferentes motivos; pero la tribulación, la pobreza, la blasfemia, la cárcel y la muerte, son los ingredientes de la amargura de Esmirna. No hay base escrituraria para afirmar que la pobreza sea algo bueno per se, ni que garantice la espiritualidad de la persona; como tampoco la Biblia hace la apología de la riqueza. Hay ricos santos y humildes, así como hay pobres altivos. El Señor tiene otros intereses y otros propósitos. Dice en Mateo 5:3: "Bienaventurados los pobres en Espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos". No siempre la riqueza material engendra soberbia, pues de hecho hay creyentes adinerados que son humildes de corazón, pero la carencia de pobreza espiritual se traduce a menudo en altivez; la pobreza espiritual es característica fundamental del cristiano normal.
Es notorio que hay un aspecto en que el cristianismo denominacional se asemeja mucho al mundo y es que en muchos sectores del protestantismo se propugna con regularidad hacia la prosperidad y al éxito material y se desprecia la humildad. Una de las nefastas consecuencias de esta orientación es la marcada tendencia a dividirse en congregaciones con distingos de clases, posiciones sociales, situaciones económicas y hasta profesionales. ¿Apoya el Señor que haya iglesias de ricos e iglesias de pobres? ¿No es vergonzoso delante del Señor que haya iglesias de blancos e iglesias de negros? ¿Está conforme el Señor con todas esas discriminaciones, exclusividades, divisiones, altiveces y esnobismos que suelen darse en Sus hijos por los que derramó toda Su sangre el ser más humilde que haya pisado esta tierra? Ser pobre en espíritu es no confiar en lo que tienes, ni en lo que sabes, ni en lo que eres, sino que tu sola confianza está puesta en el Señor. En esto se diferencia el hombre natural y el cristiano. Una persona que tiene al Señor Jesucristo como su único soporte, su único tesoro y su única riqueza, es verdaderamente rica. Al respecto cabe preguntar, ¿qué dicen los apologistas de la llamada teología de la prosperidad?

Sinagogas de Satanás
También el Señor le manifiesta a la iglesia en Esmirna que está atento a la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que se han convertido en Sinagoga de Satanás. Es innegable que desde su nacimiento la Iglesia del Señor fue objeto de los ataques por parte de los judíos, así como lo había sido el Señor en su ministerio terrenal. Observamos que las primeras persecuciones se originaron por cuenta de los judíos. Más tarde el apóstol Pablo en sus recorridos predicaba primero en las sinagogas de los judíos; algunos creían, pero los que se oponían blasfemaban y fomentaban la persecución, y aun muchos de los que creían también importunaron con la pretensión de la judaización en la Iglesia. Pero el asunto va más allá; todo eso encierra la simbología de algo más profundo, pues a la luz de la Palabra, el término judío es genérico para todos los creyentes, los que tengan "11la fe que tuvo (Abraham) estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; 12y padre de la circuncisión, para los que no solamente son la de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado" (Ro. 4:11-12). También lo aclara Pablo cuando dice: "28Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; 29sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios" (Ro. 2:28,29). "7Ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos. 8No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios" (Ro. 9:7, 8).
Entonces un verdadero creyente en Cristo tipológicamente es un verdadero judío, y también en esa modalidad de judío puede haber falsos judíos (cfr. Juan 8:39-47). Se puede aparentar ser judío. Esto nos deja la seria inquietud de que también existen congregaciones que se dicen ser cristianas sin serlo sino sinagogas de Satanás, en donde no se predica el evangelio total. Y si no se hace la voluntad del Señor, ¿la voluntad de quién se hace? Quien se oponga a la voluntad del Señor, se hace uno con Satanás. En donde no se honra al Señor, sino que se le persigue, persiguiendo a los hijos de Dios. En las sinagogas de los judíos se había llegado a ese lamentable estado. Hay muchos que, como los judíos, presumen de su legítimo origen histórico y de la antigüedad de su respectiva organización religiosa, y siguen sin ver el mal que practican, aborreciendo incluso a los que no militan en su religión, despreciando a los que no comparten sus ideas, desconociendo el Cuerpo del Señor, pero el Señor descubre su verdadera situación. La sinagoga utilizó la política y el poder imperial para perseguir al Señor y luego a la Iglesia. En la historia, corrientes oficiales de la religión, como el catolicismo y el protestantismo, han utilizado el poder político para perseguir la Iglesia y oponerse a la economía de Dios. Sólo Dios sabe cuándo una congregación y aun una institución eclesiástica se convierte en sinagoga de Satanás.
Hay evidencia en la Palabra, por ejemplo en las cartas de Pablo a los Gálatas, Romanos y Colosenses, de esa parte judaizante de la Iglesia, que ha persistido hasta hoy, con sus enseñanzas basadas parte en la ley mosaica y parte en la gracia que viene por medio de Jesucristo; y lo que es peor, a menudo con carga de leyes, normas y estatutos añadidos de otras fuentes no bíblicas. A ese tipo de enseñanza se le ha dado un exagerado valor y se ha institucionalizado, invalidando de paso el verdadero propósito del Señor. Muchos eclesiásticos hoy, aun cuando no sean judíos, insisten en preservar las prácticas del judaísmo, tales como una casta sacerdotal, rituales de sacrificio, templos materiales, pero a la verdad todo eso son tipos que han hallado cumplimiento y que han sido reemplazados por Cristo, porque no fueron sino la maqueta del verdadero edificio. A todas esas cosas Pablo les llama rudimentos del mundo. Por ejemplo, hay quienes enfatizan lo de guardar determinado día, y machacan en esta famosa forma de judaizar, pero Pablo te dice que nadie te juzgue por lo que comas o dejes de comer, ni por el día que hayas de guardar, pues todo es sombra de lo que ha de venir (cfr. Colosenses 2:8,16-17). ¿Crees que las cartas del apóstol Pablo hacen parte de la Palabra de Dios? Se judaíza asimismo con el fomento de las castas sacerdotales y el clericalismo; es como si se propagara un evangelio diferente, cosa que hay que evitar. Busquemos al Señor Jesucristo; en Él estamos completos.

Herejes y herejías
El Señor conoce la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino sinagoga de Satanás; lo cual nos indica que hay quienes pretenden ser lo que no son con el fin de obtener pleitesía, preeminencia y prerrogativas especiales, lo cual encierra blasfemia. Eso fue lo que hizo Lucero en el cielo. Entonces el contenido del término blasfemia es amplio. (Incluye escarnecer e injuriar el nombre de Dios, la idolatría, y lo que trae como consecuencia de desechar la fe y la buena conciencia, que puede resultar en caer en herejías). En el período de Esmirna, siglos II y III, surgieron los ataques satánicos. Unos con nuevas herejías, otros como continuación de las iniciadas en el período anterior. Los errores cristológicos han surgido desde el mismo comienzo de la historia de la Iglesia. Vemos esos tres grandes frentes de ataques de Satanás en los tres primeros siglos: Los judaizantes, las herejías y las persecuciones imperiales. Es sumamente importante tener en cuenta que en aquella Alejandría del antiguo Egipto se respiraba una rara atmósfera religioso filosófica saturada del gnosticismo de los egipcios, judaísmo, dualismo de los persas, zoroastrismo, politeísmo y filosofías griegas, a la manera de un gran potaje donde se cocinaron muchas herejías que enfilaron sus venenos en contra de la Iglesia. El proceso de amalgamar al cristianismo con judaísmo y filosofías griegas y orientales dio como resultado la perversa mixtura de herejías que han desviado a millones de personas de la verdad de Dios.
No olvidemos que en el período de la Iglesia perseguida se desarrolló la doctrina, principalmente para hacerle frente al surgimiento de las herejías, y fue compuesto el famoso "Credo de los Apóstoles", y eso dio lugar a un curioso hecho. Mientras que en el período apostólico la fe y entrega era auténtica, de corazón, y en él se vivía más la vida en el Espíritu, en cambio en el de Esmirna se fue generalizando gradualmente una fe más mental, del intelecto, por el rigorismo y énfasis en el sistema de doctrinas; recitar el credo llegó a ser en determinado momento como una prueba de pertenecer a la Iglesia, sin que con ello se niegue la existencia de verdaderos santos enriquecidos por el Espíritu Santo. En este período profético, con mayor énfasis a fines del siglo segundo, se dice que en parte como una reacción a los movimientos considerados como heréticos (gnosticismo, marcionismo y montanismo), fue tomando desarrollo en la Iglesia una organización visible y la formulación intelectual de creencias. Empezaron a darle forma al sistema clerical y un sistema administrativo que se concentraba alrededor de los obispos. Y había pasado el tiempo en que en una iglesia local hubiese varios obispos o presbíteros, sino que había un solo obispo en determinada ciudad, para determinada área, de acuerdo con el número de cristianos. Las palabras obispo y presbítero habían dejado de ser intercambiables. Entre las herejías más representativas del período de Esmirna podemos mencionar:

Marción
Rico y prominente hereje del siglo II. El nombre más famoso entre los primeros dirigentes gnósticos. Cristológicamente era docetista. Hijo del obispo de Sinope, puerto en el Ponto, en la costa sur del mar Negro, y propietario allí de barcos. Se supone que al ser hijo de un obispo, haya sido criado en el marco de las enseñanzas cristianas. Habiendo ingresado a la iglesia en Roma, hizo allí una generosa dádiva; pero más tarde empezó a enseñar los errores que le dieron tanta fama, y después de haber sido separado de la comunión de la iglesia alrededor del año 144, fundó su propio movimiento eclesiástico rival al cristianismo ortodoxo, con una influencia en muchas partes del Imperio Romano de casi unos dos siglos. No se conoce mucho acerca de la personalidad de Marción sino a través de los escritos y testimonios de Ireneo, Hipólito y Tertuliano, quienes lo combatieron y pusieron las bases para una explicación sistemática de la fe cristiana y su diferencia con un sistema filosófico. Tengamos muy en cuenta que el Evangelio es revelación, no filosofía.
Entre las características dignas de mención del gnosticismo de Marción tenemos la obligatoriedad de la continencia y el voto de virginidad (celibato), el rechazo del Antiguo Testamento y su reducción de las Escrituras al Evangelio de Lucas y a las epístolas de San Pablo, pero no sin antes expurgar de ellas lo que él consideraba añadiduras. Oponía al Dios "terrible" del Antiguo Testamento, el Dios "bueno" del Nuevo Testamento, Dios de amor que se había mantenido escondido hasta que se reveló en Cristo.
Es curiosa la concepción marcionista acerca de Dios. Marción relacionaba las palabras del Señor Jesús en el sentido de que un árbol bueno no puede producir frutos malos, para enseñar que este mundo lleno de sufrimientos y maldad, no puede ser obra sino de un ser malvado y no de un Dios bueno; y a ese Dios creador de los judíos, que se gozaba con los sacrificios sangrientos, lo designaba con la palabra platónica Demiurgo. Los marcionistas rechazaban la salvación por gracia, a través de la fe obtenida en la justificación por Cristo, sino por una especie de ciencia o conocimiento (gnosis) superior, privilegio de unos pocos iniciados. De acuerdo con estas enrevesadas opiniones, Cristo no tenía ninguna relación con el Demiurgo, y por lo tanto no nació como los hombres, criaturas del Demiurgo, y, por consiguiente, a la manera de los fantasmas, sólo parecía que tuviera cuerpo. Para Marción, Cristo no vino a liberar a los hombres de la esclavitud satánica, sino del gobierno del malévolo, tirano y legalista Demiurgo.
Herejías como la de Marción, quien mutilaba la Biblia, llevaron a los grandes hombres de Dios a interesarse por distinguir entre los auténticos y los falsos escritos inspirados, y en la fijación definitiva del canon. Es la época también en que empezaban a aparecer los credos o confesiones de fe, especie de cortas síntesis de doctrinas esenciales de la fe cristiana, dirigidas en especial para los catecúmenos y candidatos al bautismo.

Sabelianismo
Este movimiento, llamado también monarquianismo modalista y patripasionismo porque enseñaba que el Padre sufrió la pasión, deriva su nombre de Sabelio, su exponente más famoso, y negaba la distinción de personas en la Trinidad. El primer defensor de esta línea de pensamiento herético al principio del tercer siglo, Noeto en Esmirna, enseñaba que el Padre nació en la persona de Jesucristo, para difundir el error de que el Padre vino a ser así el Hijo, y que el Padre murió y resucitó de entre los muertos. Luego fue difundido y llevado a Roma por Sabelio, quien con Praxeas enseñaba que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una misma persona y tres modos o aspectos de Dios, y usando un sofisma lo comparaba con el sol, que es brillante, caliente y redondo.
Esta línea de pensamiento teológico, que hoy día se conoce como el unitarismo, reconoce sólo a Jesucristo en la Trinidad. Calixto, obispo de Roma, aunque excomulgó a Sabelio, le dio un espaldarazo a esta herejía con algunas controvertibles modificaciones. Marcelo de Ancira tenía tendencias sabelianistas y fue aprobado por el papa de Roma. El papa Ceferino, sucesor de Calixto, también tenía la misma línea. Pero este error fue combatido por Tertuliano en su libro Contra Praxeas, y por Hipólito, presbítero y maestro de la iglesia en Roma, así como escritor y teólogo distinguido.

Montano y los montanistas
Hay evidencias que en la segunda mitad del siglo segundo floreció en Frigia, Asia Menor, un despertamiento espiritual que tomó su nombre de Montano, oriundo de esa tierra. Los montanistas insistieron en el llamado a una vida de ayuno y oración, consagrada, austera y estricta debido a la creencia profunda de la inminente venida del Señor, y que la Nueva Jerusalén descendería pronto del cielo y se establecería en Frigia. Aunque sus enseñanzas fueron en su tiempo condenadas por la Iglesia, hay la opinión de que no debe clasificarse este movimiento como secta hereje, sino como puritanos que observaban el desliz de la Iglesia y proclamaban volver a la altura espiritual que le impuso el Señor Jesús, y a la sencillez de los cristianos primitivos. Montano en su bautismo habló en lenguas y profetizó ser el escogido por el Paracleto como el profeta de Dios para preparar ese segundo advenimiento del Señor Jesús. A menudo Montano decía estar bajo la influencia del Espíritu Santo, de tal manera que podía ser el instrumento para recibir nuevas revelaciones a la Iglesia. Había, además, dos mujeres profetizas, Priscila y Maximila, discípulas de él, y una de las profecías de la primera fue tomada como un lamento del Espíritu Santo por el hecho de que la Iglesia lo estaba rechazando, tanto en ese tiempo como en muchos otros períodos.
El movimiento montanista se extendió ampliamente y persistió hasta entrado el siglo quinto, y un hecho de no poca importancia y propaganda para ese movimiento fue el ingreso a sus filas de un hombre de la talla de Tertuliano, el teólogo más importante de su tiempo, el cual había servido ampliamente a la Iglesia defendiendo el cristianismo del mundo pagano y refutando herejías en su interior. Podríamos sintetizar tres aspectos que los montanistas reafirmaban y que según ellos, la Iglesia iba abandonando:
1. El Espíritu de Dios como fuente de poder en la Iglesia. El continuado ministerio sobrenatural del Espíritu Santo. El sacerdocio de todo creyente, y no sólo del clero. Necesidad que la obra de la Iglesia fuese realizada en el poder del Espíritu. Fuerte protesta contra el creciente clericalismo. Se considera negativo del movimiento el buscar las formas más sensacionales de profecía, éxtasis, sueños y predicciones del futuro, aunque se dice que ellos no aprobaban las revelaciones que fuesen contrarias a las Escrituras.
2. Combatían la flojedad de vida espiritual y la indisciplina en la Iglesia. Se considera negativo del montanismo el hecho de no distinguir entre la verdadera santidad y el ascetismo, prácticas éstas que consideraban como obligatorias, así como el ayuno. Tertuliano escribió un tratado para probar que no era lícito huir en tiempo de persecución.
3. Reafirmaban la verdad de la inminente venida del Señor. Ellos se consideraban no separados del resto de la Iglesia, sino un grupo de los "espirituales". Se dice que las mártires Perpetua y Felicitas eran montanistas, y tampoco hay evidencias concretas de que Tertuliano haya sido excluido de la comunión de la Iglesia. Se les considera negativo el que hubieran desprestigiado con sus extravagancias esas mismas verdades que enfatizaban. Se considera asimismo negativo el agregar nuevas revelaciones a las que ya había dado el Señor.
En la época moderna, Juan Wesley aprobó la mayor parte de las enseñanzas montanistas; asimismo Harnack, el eminente y controvertido erudito patrístico moderno, también las ha aceptado.

El maniqueísmo
Manes
o Maniqueo (216-276), su fundador, fue un aristócrata persa educado en Babilonia, en donde tuvo la idea de perfeccionar las enseñanzas del parsismo de Zoroastro y mezclarlas con las del cristianismo y el judaísmo, dando como resultado lo que él llamó los dos principios divinos o reinos, el del bien y del mal, uno de luz y otro de tinieblas, que luchan en el mundo, y que tienen igual origen y similares poderes. No es nuestro propósito exponer acá sus fantásticas doctrinas, pero podemos esbozar que las mismas estaban asociadas con el dualismo persa; también rechazaban a Jesús, y en cambio tenían un "espíritu del sol" al que llamaban el "Cristo celestial". Manes llegó a la convicción de ser comisionado por una visión divina para ser profeta; y se dice que encabezaba sus cartas con "Manes, Apóstol de Jesucristo", y declaraba asimismo ser el Paracleto prometido por el Señor Jesús, o bien que el Paracleto hablaba a través de él. Los maniqueos formaban sociedades similares a las iglesias cristianas, cultivaban el celibato; como las doctrinas de tipo esotérico, prohibían comer carne; también eran severos en el ascetismo. Agustín de Hipona, uno de los más importantes teólogos de la Iglesia, era maniqueo antes de su conversión, pero el maniqueísmo no satisfizo los interrogantes y la búsqueda espiritual que en su oportunidad lo acuciaba.

Las diez persecuciones
"No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida" (v.10).
Así como el Señor Jesús fue el Apóstol, el enviado por el Padre, indiscutiblemente asimismo fue el primer mártir por la causa del Padre. Desde el comienzo de esta carta, el Señor anima a la iglesia en Esmirna presentándose como el que estuvo muerto y vivió, el que padeció y sufrió, pero salió triunfante. Ahora le dice que no tema, porque la victoria de Cristo es la misma victoria de la Iglesia. Satanás no pudo acabar con la Iglesia usando la blasfemia; ahora se va más lejos y enciende una tribulación que comienza con encarcelamiento de los santos. Son los seguidores e imitadores de quien fue crucificado porque fue considerado una amenaza al orden establecido. Solemos ver las personas, los gobernantes, pero la Biblia una y otra vez declara que detrás de todas las personas que persiguen a la Iglesia de Cristo, está el titiritero mayor moviendo sus fichas; es el diablo mismo con una poderosa organización de huestes malignas arrastrando al mundo en su corriente de maldad.
Es necesario que seamos probados. Pero las pruebas, por amargas que sean, tienen una razón y también un límite. Diez días significa que la tribulación sería por un tiempo; también eso se refiere a diez grandes persecuciones ordenadas por ciertos emperadores romanos durante los tres primeros siglos de la Iglesia, las cuales han sido consideradas aun por la historia secular como crueles y sangrientas. La Iglesia sufrió un largo siclo de persecuciones que iba aumentado gradualmente, hasta comienzos del siglo cuarto. Ahí vemos la religión satánica aliada con el poder político demoníaco tratando de exterminar la Iglesia de Jesucristo. Pero el Señor la fortaleció y en vez de ser exterminada, siempre salía fortalecida y victoriosa. El Señor sabía que muchos iban a sufrir el martirio y les invita a ser fieles hasta la muerte, prometiéndoles la corona de la vida, lo cual no se refiere a la salvación eterna sino a un galardón dispensacional en el milenio. A esas amargas persecuciones las trataremos de sintetizar usando un orden cronológico y coherente.

1. Nerón, Claudio César, emperador romano entre los años 54-68 d. C. Asociada con el nombre del emperador Nerón tuvo lugar la más famosa de las primeras persecuciones contra la Iglesia de Jesucristo. Tomó como pretexto un incendio que destruyó parte de Roma en el año 64 d. C., para inculpar a los cristianos, quienes fueron acusados de odio a la raza humana, iniciando con este pretexto la primera, breve pero cruenta persecución contra la Iglesia. Se dice que el pueblo murmuraba atribuyéndole el incendio a Nerón, quien buscaba favorecer su proyectada reforma urbanística, entonces él vio una salida acusando a los cristianos de tal incendio. Durante esta persecución fue martirizado el apóstol Pablo por mandato de Nerón. Hay una tradición que señala que el apóstol Pedro también fue víctima de Nerón, y que murió en Roma, pero, como antes se dijo, no hay pasajes bíblicos que acrediten que dicho apóstol hubiese estado en esta ciudad. Tan fiera y sangrienta resultaba la persecución desatada por Roma, que Juan para referirse a esta ciudad y sus instituciones político religiosas, se cuidaba de nombrarla con el misterioso apelativo de Babilonia, la ciudad "ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús" (Ap. 17:6), como después volvemos a referirnos a esto en detalle.

4 comentarios:

Miguel G dijo...

Exelente trabajo de recopilacion de datos. Bendiciones desde los angeles,ca.

Miguel G dijo...

Exelente trabajo de recopilacion de datos. Bendiciones desde los angeles,ca.

Noemi dijo...

paso visitando su blog, bendiciones
mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com

Jorge Canul dijo...

Muy importante exposición. Gracias. Bendiciones.