martes, 2 de enero de 2007

7. Los Vencedores y el Tribunal de Cristo (2a. parte)

Capítulo 7
LOS VENCEDORES Y EL TRIBUNAL DE CRISTO
(2a. parte)

Las tres etapas de nuestra resurrección
Es importante tener siempre en cuenta que nosotros como seres humanos estamos conformados de tres partes: espíritu, alma y cuerpo, y esas tres partes que integran nuestro ser son salvas en tres tiempos diferentes, como lo enseñamos en el primer capítulo. El espíritu es salvo en el acto de la regeneración, cuando creímos en Cristo; el alma es salva en el curso de nuestra vida cristiana, pues tenemos que ocuparnos nosotros mismos de la salvación de nuestra alma con temor y temblor, y eso lo debemos hacer juntamente con la acción en nosotros del Espíritu Santo; debe ser una acción continua de renovación y santificación del alma; y el cuerpo será salvo en el futuro, cuando ocurra la resurrección de la Iglesia. Pero las tres partes deben ser halladas irreprensibles (1 Tesalonicenses 5:23). Y así como las tres partes de nuestro ser son salvas en tres etapas diferentes, también nuestra resurrección ocurre en tres etapas.
De conformidad con la Palabra de Dios, habrá en el futuro dos grandes resurrecciones, y sólo dos: Una, la primera, la de los muertos en Cristo, cuando el Señor regrese, a la final trompeta, antes del reino milenario (1 Tesalonicenses 4:16; 1 Corintios 15:52; Apocalipsis 20:4-6); y la otra resurrección tendrá ocasión después de mil años (Apocalipsis 20:7, 11-15). Pero dentro de los que participen de la primera resurrección, habrá un remanente de vencedores que obtendrán una mejor resurrección, conforme lo leemos en Hebreos 11:35: "Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección".
Al respecto, y para una mejor comprensión de lo que significa esa mejor resurrección, entremos a analizar un poco en Filipenses 3:10-11. En el contexto, desde que se inicia el capítulo 3 de Filipenses, Pablo viene hablando de gozarnos y gloriarnos en el Señor, y no poner nuestra confianza en la fuerza y recursos de la carne y sus intereses, teniendo por basura todo aquello que en nosotros llegó a ocupar un lugar privilegiado, incluyendo todo lo relacionado con nuestra antigua religión, y estimar todo eso como pérdida; luego dice en el versículo 9: "Y ser hallado en él (en Cristo), no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe".
En el curso de nuestra vida cristiana debe llegar el momento en que debemos ser hallados viviendo no en nuestra propia justicia, esa que proviene de nuestros propios esfuerzos por guardar la ley, sino ser hallados en Cristo. ¿Ser hallados por quién? Por los hombres, por los ángeles y por los demonios. Luego en los versículos 10 y 11, dice:
"10A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejantes a él en su muerte, 11si en alguna forma llegase a la resurrección de entre los muertos".
Nuestra justicia debe ser la que procede de Dios; la vida misma de Dios en nosotros, a fin de poder conocerle. Conocer al Señor es experimentarlo; no es meramente leer o escuchar sobre Él. Conocer al Señor es experimentar el poder de la resurrección de Cristo. Nótese que para esto es necesario que participemos de los padecimientos de Cristo, configurándonos a Su muerte. Eso enriquece nuestra vida de resurrección. Esa experiencia de vivir una vida crucificada nos va perfeccionando a Su conocimiento. La revelación es perfeccionada por la experiencia hacia el conocimiento de Cristo; y entonces podemos experimentar el poder de la resurrección de Cristo. La vivencia de esa resurrección nos hace aptos para una super-resurrección, la cual no será alcanzada por muchos. Los muchos no quieren la cruz, sino que anhelan bendiciones materiales y carnales.
En el original griego, la palabra resurrección que aparece en el versículo 10, no es la misma traducida en el versículo 11. En el versículo 10 la palabra traducida resurrección, en griego es anastaseos, pero en el versículo 11 encontramos una palabra algo diferente; allí dice exanastasin, la cual se podría traducir como una super-resurrección o una resurrección sobresaliente, que será un premio para los santos vencedores. Para llegar a esta resurrección sobresaliente, indica que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, ya haya pasado por un proceso de resurrección desde el momento en que conocemos a Cristo. Es un proceso paulatino, progresivo, continuo, lo cual podemos explicar así:

1. Resurrección del espíritu. La condición nuestra antes de conocer a Cristo era de muerte. Eso lo explica vivamente la Palabra en Efesios 2:1-4:
"1Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó..."
Antes de conocer al Señor nuestro espíritu estaba muerto, pero el Señor lo resucita a la vida eterna. Lo leemos en Efesios 2:5-6, donde los verbos están en tiempo pasado:
"5Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús".
El espíritu no vuelve a resucitar debido a que jamás vuelve a morir. En la resurrección del cuerpo, el espíritu sólo hace es reunirse con el cuerpo glorioso para reunirse con Jesús. De conformidad con Romanos 6:3-11, el bautismo tiene un aspecto resucitador; es decir, al ser bautizados en el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12), participamos de todos los aspectos y experiencias de Cristo, incluida la resurrección, de manera que fuimos resucitados juntamente con Cristo "y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios" (Col. 3:3). Esa es una constante en todo el Nuevo Testamento. En nuestra vida de resurrección no debemos practicar las cosas de nuestra vieja naturaleza, las terrenales.
"Sepultados juntamente con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados (tiempo pasado) juntamente con él, mediante la fe de la operación de Dios, quien le levantó de los muertos" (Col.2:12). "Si, pues, fuisteis resucitados juntamente con Cristo (tiempo pasado), buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios" (Col. 3:1).

2. Resurrección del alma. Una vez hayamos experimentado la resurrección del espíritu, el Señor pasa a trabajar para resucitar nuestra alma; pero el alma, para que pueda resucitar, debe morir antes. Un creyente nuevo aún es carnal, su alma no ha sido renovada, de manera que tenemos que pasar por un proceso de crecimiento espiritual, pruebas y negación del yo, hasta que nuestra alma llegue a ser renovada, y tengamos un alma espiritual, con una mente renovada, que podamos pensar como Cristo, al ser conformados, no a nuestra pasada manera de pensar, sino a la mente de Cristo. Una alma totalmente renovada es una alma resucitada a una nueva vida.
Dice Romanos 8:6: "Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del espíritu es vida y paz". Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo,*(1) pero debemos tomar nuestra cruz cada día,*(2) a fin de que esa muerte (del alma carnal) sea una realidad presente en cada uno de nosotros. Mientras nos ocupemos (nuestra alma) de la carne, no hay muerte en nuestro yo; pero al participar en la muerte de Cristo, nuestra alma tiene vida y verdaderamente somos trasladados de la vieja creación, del viejo hombre, a la nueva criatura, al nuevo hombre, que es Cristo en nosotros. El proceso de esta resurrección es un asunto presente. Esa resurrección especial es la meta de nuestra vida cristiana.
*(1) Cfr. Romanos 6:6
*(2) Cfr. Lucas 9:23

3. Resurrección del cuerpo. Nuestro cuerpo será resucitado en el futuro, a la final trompeta; y en esa resurrección se le unirán el espíritu y el alma. Romanos 8:10,11 dice:
"10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros".
Dios quiere que todo nuestro ser (1 Tes. 5:23) sea hallado irreprensible cuando venga el Señor, y todo nuestro ser completamente resucitado, sea en forma integral liberado del viejo hombre que tenía Satanás esclavizado. Que obre, pues, en nosotros el poder de resurrección que obró en Cristo Jesús. De esto sacamos en conclusión que habrá creyentes no vencedores, que sus almas no habrán experimentado la respectiva resurrección, de manera que no experimentarán esa resurrección especial en el día postrero. Nótese que Pablo lo advierte en Filipenses 3:11, cuando dice: "11si en alguna forma llegase a la resurrección de entre los muertos". Es bien claro que no se está refiriendo a la resurrección general de la Iglesia sino a esa resurrección especial, pues Pablo estaba seguro que participaría de la resurrección general.

Los vencedores y el traslado de la Iglesia
Las Escrituras dan fe de que la Iglesia será levantada por el Señor en Su venida, evento en el cual ocurrirá la resurrección de los justos y la transformación de los que permanecieren vivos hasta el glorioso regreso de Cristo. Veamos acerca de ese hecho en cuanto al conocimiento de tal evento por parte de los creyentes y en cuanto a la participación en el mismo.

En cuanto al conocimiento del tiempo del traslado. De conformidad con Hechos 1:9-11 y otros muchos textos bíblicos, el Señor vendrá otra vez. "9Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo". De acuerdo con ciertas señales dadas en la Biblia, sabemos que Su venida no demora, porque nadie sabe ni el día ni la hora, pero sí podemos saber el tiempo en que ese evento ha de ocurrir. ¿Quiénes sabrán el tiempo en que el Señor ha de regresar? Habrá hermanos que, o por no amar la venida del Señor o por andar preocupados en sus deseos carnales y vida del mundo, viven desapercibidos y ese hecho los sorprenderá como ladrón en la noche, y a otros, que estarán velando, no.
Por ejemplo, a los hermanos de Sardis, los que están enmarcados dentro del protestantismo denominacional, los que tienen nombre de que viven, y están muertos, el Señor les dice (Ap. 3:3): "Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti". Lo curioso es que eso mismo dice el Señor al mundo con respecto de Su venida. Lo registramos en el texto de 1 Tesalonicenses 5:2-3: "2Porque vosotros (los santos) sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; 3que cuando (en el mundo) digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos (los impíos) destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán". Una cosa es el mundo y el creyente descuidado, y otra el que vela y ama la venida del Señor. Transcribimos a continuación los versículos siguientes (4-10): "4Mas vosotros, (los que velan) hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6Por tanto, no durmamos (no nos descuidemos en el mundo) como los demás, sino velemos y seamos sobrios. 7Pues los que duermen, de noche duermen (en las tinieblas del mundo), y los que se embriagan, de noche se embriagan. 8Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. 9Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, 10quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él". Este texto habla por sí solo.

En cuanto al tiempo del traslado y a la participación en el mismo. La ortodoxia doctrinal bíblica enseña que habrá dos resurrecciones: Una, la primera, la de los santos en la venida del Señor, después de la gran tribulación, y la segunda, la de los impíos, al finalizar el milenio. Sobre este punto crucial de la Escatología, a través de la historia se fueron desarrollando los puntos de vista de varias escuelas de interpretación, de los cuales destacamos los siguientes.
1. Postribulacionismo. La sana enseñanza bíblica es que toda la Iglesia del Señor será arrebatada por el Señor y trasladada a los aires, en donde nos encontraremos con el Señor. ¿Cuándo ocurrirá ese evento? A la final trompeta. "51He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados" (1 Corintios 15:51-52). "16Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Tesalonicenses 4:16-17). Al ser levantada la Iglesia al toque de la séptima trompeta, significa que la Iglesia estará acá en la tierra durante los siete años del gobierno del anticristo, porque al toque de la final trompeta es cuando ocurrirá la gloriosa venida del Señor y el comienzo de Su reino milenario; y eso no ocurrirá sino al finalizar los siete años del gobierno de la bestia. Veamos lo que dice Apocalipsis sobre eso.
"15El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. 18Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra" (Apocalipsis 11:15,18). Este punto de vista era el sostenido por la iglesia primitiva, pues es el que aparece en los documentos del primer siglo, como la Didaké; luego fue el punto de vista interpretativo de los llamados padres de la iglesia, y de los escolásticos; también fue el punto de vista de los reformadores; por último fue sostenido por varias de las grandes denominaciones de la línea reformada y otras; son postribulacionistas incluso algunas corrientes presbiterianas y bautistas. También fueron postribulacionistas los hermanos Benjamín Newton y George Mueller, dentro de la línea de los Hermanos o Brethren, quien se le opuso a Darby.
Apocalipsis habla de los santos salidos de la gran tribulación. "9Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; 10y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. 11Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, 12diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. 13Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? 14Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. 15Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. 16Y no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; 17porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos" (Apocalipsis 7:9-17). El postribulacionismo es lo que se llama como la teología del pacto. ¿Pero qué sucedió?
2. Pretribulacionismo. No obstante que la iglesia primitiva y la patrística sostenían la interpretación del Nuevo Testamento en el sentido de que la Iglesia sería arrebatada después de la gran tribulación, sin embargo, en el año 374, Efraín el Sirio, sin demostrarlo profundamente, por primera vez en la historia lanza la idea de un rapto antes de la gran tribulación; pero no hizo mucho eco, pues hasta 1754 es cuando retoma este punto de vista un pastor bautista llamado John Gill; posteriormente retomaron sus banderas los siguientes: en 1810 un jesuita chileno de apellido Lacunsa; en 1812, un hermano inglés llamado Edward Irving; también enseñó el pretribulacionismo en 1816 una mujer, al parecer mística, llamada Margaret McDonald. Pero el que le dio el espaldarazo final fue el hermano John Nélson Darby en 1820, quien lo había escuchado de Eduard Irving. El hermano Darby fue de la línea de los Brethren, también conocidos en la historia como los hermanos de Plymouth, íntimamente relacionados con la restauración de la iglesia bíblica y la unidad del Cuerpo de Cristo. Darby había sido un arzobispo anglicano, de donde salió para unirse a los Hermanos en Plymouth. Darby profundizó y sistematizó el pretribulacionismo y el dispensacionalismo. Pero quien le dio amplia difusión al pretribulacionismo y al dispensacionalismo fue el Dr. Scofield con sus famosas anotaciones a la Biblia, y por ese medio esa corriente de enseñanza tuvo fácil entrada en muchas denominaciones. A la muerte de Scofield, quien retomó las banderas del pretribulacionismo fue Lewis Sperry Shaffer, fundador del Seminario Fundamentalista de Dallas, Texas, donde se han formado muchos pastores denominacionales, y autor de una famosa teología sistemática; de manera que han sido medios poderosos para que se difunda el pretribulacionalismo. Otros influyentes pretribulacionista han sido Charles Ryrie, John F. Walvoord, de las Asambleas de Dios, y J. Dwight Pentecost, autor de la conocida obra dispensacionalista "Eventos del Porvenir", que tanta influencia ha proyectado en el denominacionalismo.
Los hermanos que han enseñado y difundido el pretibulacionalismo merecen todo el respeto, pero debo aclarar lo que dice la Biblia, que si a los creyentes se les enseña que la Iglesia del Señor será trasladada antes de la aparición del anticristo en la esfera política mundial, se les está engañando. "1Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, 2que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. 3Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. 5¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto? 6Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. 7Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. 8Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida" (2 Tesalonicenses 2:1-8).
Los pretribulacionista interpretan el versículo 7 en el sentido de que es el Espíritu Santo quien impide la manifestación del anticristo, y que el Espíritu Santo será quitado de la tierra al ser arrebatada la Iglesia. Pero tengamos en cuenta que el Espíritu Santo está en todas partes, incluso en el Hades. "7¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia? 8Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás" (Salmos 139:7-8). Eso significa que el Espíritu seguirá estando en la tierra después que la Iglesia sea arrebatada al cielo; incluso estará en los dos testigos de Dios cuyo ministerio se desarrollará en Jerusalén durante la gran tribulación.*(3) El Espíritu no es quien ha detenido la manifestación de los grandes imperios mundiales. Dios tiene trazado un plan en la historia de los hombres. Medite bien el lector en la estatua del sueño de Nabucodonosor de Daniel 2; ahí aparece la sucesión de los imperios mundiales hasta la venida del Señor. Las piernas de la estatua corresponden al imperio romano; luego viene una explicación más detallada de esto mismo en las bestias de Daniel 7. Note que la estatua termina en diez dedos, y la cuarta bestia (Roma) aparece con diez cuernos, de los cuales se levantará otro, la bestia, que se encargará de quebrantar a los santos del Señor (Daniel 7:14-25; Apocalipsis 13:5,7; Apocalipsis 17:12-13). La Escritura se interpreta ella misma; de manera que lo impide la manifestación del anticristo es el imperio romano; al ser quitado el poder de Roma, aparecerá el anticristo.
*(3) Apocalipsis 11_1-12

Acordémonos que para que en la historia se manifestara el Imperio Romano fue necesario que fuese quitado de en medio el imperio griego, y que para que antes se hubiese manifestado Grecia, había sido necesario que se quitara Medo-Persia, etc. Muchos ignoran que el Imperio Romano continuó gobernando en forma latente. Los bárbaros han podido haberle asestado un golpe mortal a la Roma imperial, pero ese mismo espíritu continúa al surgir la Roma papal, la cual heredó los poderes imperiales sobre toda Europa y sus colonias, poder que se encargó de revivir el imperio romano con el Sacro Imperio Romano Germánico con Carlomagno y sus sucesores en Europa. De manera, pues, que estamos viendo un resurgir del Imperio Romano en el antiguo territorio europeo del imperio, sus antiguas provincias, los países que hoy forman la Comunidad Europea. De ahí saldrá el anticristo, pero será un imperio diferente, pues el anticristo "será diferente de los primeros... y pensará en cambiar los tiempos y la ley" (Da. 7:24,25).
3. Los dos raptos. Al analizar los dos anteriores puntos de vista, y tal vez viendo en ambos alguna razón, surgió una tercera escuela de interpretación con los hermanos Robert Govett, G. H. Pember, D. M. Panton, pioneros de la restauración de la iglesia bíblica, y últimamente con el hermano Lang, con la convicción de que el arrebatamiento de la Iglesia tiene dos etapas o dos raptos, uno antes de la tribulación para las primicias, los vencedores, y otro después de la tribulación para la cosecha, o sea, el resto de los cristianos salvos. Para ello toman textos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Este fue el punto de vista que siguieron y enseñaron los hermanos Watchman Nee y Witness Lee, apóstoles de la restauración en China. Pero debemos tener en cuenta que sólo hay dos resurrecciones: Una al comienzo del milenio para la iglesia, y otra al final del reino milenario, para los impíos. También la Escritura habla de primicias de la resurrección, pero dice que las primicias es Cristo. "20Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicia de los que durmieron es hecho. 21Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida" (1 Corintios 15:20-23). De manera que Cristo es las primicias de la primera resurrección; la iglesia es la cosecha.

7. Los Vencedores y el Tribunal de Cristo (3a. parte)

Capítulo 7
LOS VENCEDORES Y EL TRIBUNAl DE CRISTO
(3a. parte)

Diferencia entre la salvación y el reino
Satanás quebrantó el orden divino instaurado en el universo, involucrando en ello más tarde al hombre. Pero el Hijo de Dios tomó carne para iniciar la restauración de todo, conforme el propósito inicial de Dios, incluyendo la Iglesia que Él mismo rescató, hasta instaurar sobre la tierra el reino de los cielos, hasta que sean puestos todos sus enemigos por estrado de Sus pies.
El Padre es quien nos revela a Su Hijo Jesucristo, por Su Espíritu, el cual es quien nos da la convicción y la capacidad de arrepentirnos, "8porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe" (Ef. 2:8,9). Esa salvación no está condicionada a obra alguna de parte de nosotros, ni buena ni mala, y de ella no nos separará ni lo presente ni lo porvenir*(1). Esta salvación corresponde al espíritu. Pero el alma también debe ser salvada; y debemos ocuparnos de la salvación de nuestra alma, de nuestro yo, con temor y temblor*(2). Si no se hace una clara diferencia entre la salvación del alma y del espíritu, la confusión es grande. No confundas el alma y el espíritu. El hombre es un ser tripartito. El alma es el yo de la persona, allí está la sede de su personalidad, pues es el asiento del intelecto (pensamientos), voluntad (facultad de decidir) y emociones, y de allí emana su responsabilidad y su poder de decisión. Por tanto, es necesario que nuestro espíritu (hombre interior, lo llama Pablo), ya salvo, sea fortalecido con el poder del Espíritu Santo, para que en consecuencia habite Cristo por la fe en nuestros corazones, que es otra forma bíblica de llamarle al alma más la conciencia del espíritu*(3), y llegue a ser Él viviendo en nosotros y no nosotros mismos*(4). Cuando esto ocurra, hemos sido perfeccionados por el Señor, hemos salvado nuestra alma y hemos llegado a ser verdaderos vencedores.
*(1) Cfr. Romanos 8:38
*(2) Filipenses 2:12
*(3) Efesios 3:16,17
*(4) Gálatas 2:20

La salvación del espíritu se relaciona con la vida eterna, y la salvación del alma y las buenas obras están íntimamente relacionadas con la participación en el reino, que son dos aspectos diferentes. Una cosa es la salvación eterna, que es un don de Dios inmerecido y que no se pierde, y otra cosa diferente es la recompensa de Dios o el castigo temporal durante la era del reino. El problema de la eternidad ya está resuelto desde antes de la fundación del mundo y hace dos mil años tuvo su cumplimiento en la cruz del Calvario, pero lo de la posición en el reino y su recompensa, depende de que nosotros nos mantengamos firmes. No se debe confundir el reino con la salvación eterna. La salvación se recibe por fe; es un regalo, es la vida eterna; en cambio al reino se entra por nuestra fidelidad hasta la muerte, se recibe por obras, por obedecer al Padre; en el caso de Esmirna es la corona de la vida. Cuando la palabra de Dios dice en Romanos 8 que no nos separará del amor de Cristo ni lo porvenir, allí no está condicionando qué clase de porvenir en nuestras vidas. Pase lo que pase en el futuro, no perderemos nuestra salvación eterna. Romanos 8:35-39 declara que no hay manera de separarnos de Cristo. Nuestra salvación eterna no se pierde debido a que no depende de nuestras obras ni de nuestras justicias propias; si así fuera, aparte de que anularía la obra del Señor, si acaso hoy sería salvo y mañana no; tal vez pasado mañana sí; ¿y después? Nuestra salvación ni siquiera así podría sostenerse firme, pues nada de lo que hagamos o dejemos de hacer nos hará merecedores de poder llegar hasta Dios. La Biblia no indica ningún camino ni esfuerzo humano para llegar a Dios. Al contrario, nos revela que la mejor de nuestras justicias es como trapo de inmundicia frente a la obra de Dios; pero, gracias al Señor que nuestra salvación no depende de nosotros, inútiles humanos, depende de la obra que Cristo llevó a cabo por nosotros en Su encarnación, en Su muerte en la cruz, en Su resurrección y en Su glorificación. Todo lo ha hecho Cristo, "quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos" (2 Timoteo 1:9). "4Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo" (Tito 3:4.5).
La Biblia dice que la salvación es un regalo de Dios que no se pierde, pues fuimos salvos una sola vez y para siempre; dice que nadie ha merecido la salvación, ni puede hacer algo salido de su propia naturaleza para recibirla. Es un regalo que se recibe por fe, y la fe misma nos la da Dios. Es Dios quien ha elegido a quién va a salvar. Dios "nos escogió en él (en Cristo) antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él" (Efesios 1:4). Dice en Juan 15:16: "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca". Desde antes de la fundación del mundo hemos sido predestinados a una salvación que no se pierde jamás. "Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna" (Hch. 13:48). Tengamos en cuenta que lo que Dios da, no lo quita. "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados" (Ef. 2:1); aquí, como en otras partes, aparece en pasado, se trata de la salvación del espíritu; en cambio cuando se trata de la salvación del alma, siempre aparece en presente o futuro. Por ejemplo, dice 1 Timoteo 4:16: "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren". También Lucas 21:19 dice: "Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas".
La mayoría de los teólogos, maestros y estudiosos de la Biblia, en su concepción y exégesis tradicional ignoran o siguen teniendo dificultad para interpretar y concordar correctamente el contenido de los pasajes que se relacionan con el tribunal de Cristo y el juicio de la Iglesia. Al ignorar la exégesis de los respectivos textos o confundirlos, han llegado a la concepción de la falsa doctrina de que la salvación se pierde, porque no hacen diferencia entre el alma y el espíritu y sus respectivos tiempos de salvación. Si tú eres un legítimo cristiano, no estás perdido eternamente, pero puede que lleves una vida vencida y tener motivos suficientes para merecer un tratamiento adicional del Señor; ese tratamiento disciplinario puede ser ejecutado ahora, en esta edad de la Iglesia o cuando venga el Señor, lo cual no significa que vayas a perder tu salvación eterna. Es muy cierto lo que nos dice Juan 3:16, pero también es cierto lo que nos dice Apocalipsis 2:11. Podemos hacer, por ejemplo, una relación entre Mateo 5:13 con Lucas 14:34-35.
Nos dice el Señor en Mateo 5:13: "Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres". Los cristianos son la sal de la tierra. ¿Qué significa ser echada fuera? Significa ser excluidos del reino de los cielos. Dice en Lucas 14:34-35, en donde el Señor nos da la clave: "34Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? 35Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga". El sabor y utilidad de esa sal, depende de la conducta del creyente en esta tierra, de su grado de renuncia al mundo y a los deleites terrenales. ¿Qué sucederá con los que no renuncian a todas las cosas de la vida presente? Que no serán aptos para el reino de los cielos (en la tierra), ni para el estercolero, el infierno, porque son hijos de Dios, entonces serán echados de la gloria del reino a las tinieblas de afuera. Si tú eres un cristiano derrotado, jamás dejas de ser un hijo y siervo de Dios, pero hay en tu vida la opción de ser arrojado fuera de la tierra, a las tinieblas exteriores, lejos de la gloria del reino de Cristo, durante el Milenio. Como lo hemos anotado en el capítulo 4, en muchas partes de la Palabra de Dios vemos que habrá diferentes clases de castigos disciplinarios para los creyentes derrotados.
El sermón del monte fue dicho por el Señor a Sus discípulos, y son principios y normas que se refieren al reino, para que la Iglesia sepa lo que le corresponde en cuanto al trato e interrelaciones de los hermanos, sus compromisos y actividades en la obra del Señor, su actitud frente a las cosas terrenales. En el Antiguo Testamento, tenemos el Salmo 89, un salmo mesiánico que se relaciona con el pacto de Dios con David, el cual tiene su pleno cumplimiento con el Señor Jesucristo, de quien en los versos 27-29 dice:
"27Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. 28Para siempre le conservaré mi misericordia, y mi pacto será firme con él. 29Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos".
Luego en los versos 30-37 nos dice: "30Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, 31si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, 32entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. 33Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad. 34No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. 35Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. 36Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. 37Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo".
Vemos que el no victorioso tendrá su castigo, aunque no perderá su salvación. Se sabe por la Palabra de Dios que en la cristiandad profesante hay cizaña y gente no regenerada dentro de sus filas, y ya sabemos lo que sucederá con esas personas, pero también es un hecho indiscutible que en la Iglesia, entre los regenerados y lavados por la sangre del Señor hay siervos fieles, menos fieles e infieles, vencedores y derrotados, valientes y cobardes, maduros e inmaduros, espirituales y carnales, diligentes y negligentes, niños fluctuantes y adultos en la fe. En Mateo 24:45-51, encontramos lo que sucederá tanto con una clase de siervos como con la otra, en la venida del Señor y el establecimiento de su tribunal, cuando dice:
"45¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? 46Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 47De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. 48Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; 49y comenzare a golpear a sus consiervos, y a comer y a beber con los borrachos, 50vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, 51y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes".
Donde estén los hipócritas sufriendo eternamente, allí mismo estarán castigados por un tiempo (dice, su parte) los creyentes descuidados, desobedientes, glotones, borrachos, viciosos, perezosos, mundanos, amadores de los deleites más que de Dios; los que busquen imponer su autoridad y sus leyes en la iglesia. Es importante tener en cuenta que la Escritura dice con toda claridad que somos salvos por la gracia de Dios mediante la fe, como un regalo de Dios en Cristo; sin embargo, a continuación y a renglón seguido afirma en el mismo contexto que el Padre preparó una labor exclusiva para cada uno de nosotros. "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Ef. 2:10).
Eso significa, no obstante, que como hijos de Dios, tenemos la responsabilidad delante de Él de hacer algo específico que Dios preparó para que hiciéramos, dentro de los propósitos de Él en la edificación de Su casa, y de lo cual debemos dar cuenta. Dios no ha dejado a Su creación ni mucho menos la edificación de Su Iglesia al arbitrio de los hombres. Es necesario obrar de acuerdo a un plan minuciosamente trazado por el Señor, de acuerdo con Su voluntad, y siguiendo los fundamentos bíblicos. No se trata, pues, de hacer las cosas de acuerdo con nuestro propio plan y propósito, así nos parezca que lo que hacemos es perfecto y aceptado por Dios.
Es necesario, pues, y para beneficio nuestro, que desviemos nuestra atención de los meros intereses terrenales, tanto de tipo personal como de los relacionados con organizaciones religiosas no fundamentadas en la Palabra de Dios, y no descuidar la salvación de nuestra alma. "...ocupáos en vuestra salvación con temor y temblor" (Fl. 2:12); y la razón de esto la encontramos también en la bendita Palabra de Dios, cuando dice: "Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mateo 16:26). De acuerdo con el contexto, esto no se lo dice el Señor a las multitudes mundanas sino a sus discípulos. Dice el hermano W. Nee:
"No podemos mezclar la perdición eterna con la disciplina. Muchos versículos, que parecen decir que los cristianos se pueden perder de nuevo, realmente hablan de la disciplina de los cristianos. No sólo está el asunto de la disciplina y el asunto de la falsedad, sino también el asunto del reino y de la recompensa. Estas pocas cosas son fundamentalmente diferentes. Muchas veces, aplicamos las palabras para el reino a la era eterna, y las palabras con respecto a la recompensa al tema de la vida eterna. Naturalmente, esto producirá muchos problemas. Debemos darnos cuenta de que existe una diferencia entre el reino y la salvación, y entre la vida eterna y la recompensa. La manera en que Dios tratará con nosotros en el milenio es diferente de la manera en que Él tratará con nosotros en la eternidad. Hay una diferencia en la manera en que Dios trata con el hombre en el mundo restaurado y en el mundo nuevo. El milenio está relacionado con la justicia. Está relacionado con nuestras obras y con nuestro andar después de que hemos llegado a ser cristianos. El reino milenario tiene como propósito juzgar nuestro andar; sin embargo, en la eternidad, en los cielos nuevos y en la tierra nueva, todo es gracia gratuita. Y el que tiene sed puede venir y beber gratuitamente (Apocalipsis 22:17). Esta palabra es hablada después de que los nuevos cielos y la nueva tierra han venido".*(5)
*(5) Watchman Nee. El Evangelio de Dios. L. S. M. Tomo II. Pág. 357.

Las bodas del Cordero
No ha habido mucha claridad en lo relacionado con las bodas del Cordero con la Iglesia. Muchos hermanos piensan que toda la Iglesia, es decir, el ciento por ciento de los hermanos, participarán como novia en las bodas. Pero la Escritura no dice eso. En la parábola de la fiesta de bodas dice que "el reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo" (Mt. 22:2). Por el contexto vemos que para participar en esta fiesta de bodas es necesario cumplir ciertos requisitos, como ser dignos (v.8) y lucir cierto tipo de vestido de boda. Dicen los versos 11-13: "11Y entró el rey para ver los convidados, y vio allí un hombre que no estaba vestido de boda. 12Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. 13Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes". ¿Qué significa este vestido de boda? El hecho de que este hombre entró a la fiesta de bodas es porque es salvo, pero no estaba vestido con la vestidura de los vencedores, el de la justicia subjetiva en su andar con el Señor.
Lo comprendemos mejor con Apocalipsis 19:7-9: "7Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. 9Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios". Entonces vemos que las bodas del Señor no se harán con toda la Iglesia; no todos son llamados para participar allí, sino sólo con Sus vencedores, los cuales vienen a ser la esposa. Por un lado vemos que en la parábola habla de alguien que, aunque es salvo, es lanzado fuera por no estar con el vestido adecuado; y por el otro vemos en Apocalipsis 19:7-9 que habla del vestido de lino fino, que son las acciones justas de los santos, y esas acciones justas sólo se ven en los vencedores.
La novia del Cordero debe estar preparada antes de ese acontecimiento. ¿Cómo es esa preparación? Debe llevar el vestido adecuado, que simboliza la vida del Señor en nosotros, nuestra justicia, nuestra conducta, nuestras obras en Dios, y además, estar llenos del aceite del Espíritu Santo, como dice Eclesiastés 9:8: "En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza". Tenemos el caso de las cinco vírgenes insensatas. Les faltó pureza, limpieza de toda mancha, les faltó aceite, no habían pagado el precio, y siendo salvas, pues fueron hasta el tribunal de Cristo, no pudieron participar en las bodas del Cordero. No se habían preparado para las bodas. "10Pero mientras ellas (las vírgenes insensatas) iban a comprar (pagar el precio), vino el novio; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. 11Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! 12Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco" (Mateo 25:10-12). Sin fe no podemos alcanzar la salvación eterna; pero sin obras justas no podremos disfrutar del reino de los cielos, incluyendo las bodas de Cordero. En la Palabra de Dios se habla de una vestidura de bodas, y explica en qué consiste; nadie puede confeccionar ese vestido a no ser con la ayuda de Señor. El Señor hace en nosotros y nosotros hacemos en Él. Trabajar sin Él, es trabajar en madera, heno y hojarasca. La vestidura objetiva significa que somos revestidos de Cristo, digamos, por fuera, somos cambiados de posición; y la vestidura subjetiva significa que somos habitados por Cristo por dentro; que somos conformados a Su imagen. Él es forjado en nosotros, manifestando sus atributos a través de las virtudes de nuestra alma renovada. Hermano, medita en el arca del pacto. Fue hecha de madera de acacia (la humanidad) pero revestida de oro (la divinidad) por dentro y por fuera. Para que podamos participar en las bodas, es necesario que nuestro yo sea aniquilado, y Cristo forjado en nosotros antes; hemos tenido que haber sufrido dolores de parto. Pero Cristo se forma en nosotros con nuestro consentimiento, usando también de nuestra voluntad. Pablo le dice a los santos, salvos de Galacia: "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gálatas 4:19).
¿Cuándo se llevarán a cabo las bodas? Inmediatamente después del juicio de la Iglesia ante el tribunal de Cristo, seguidas por las fiestas, naturalmente, las cuales se prolongarán por todo el milenio. "Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven". Sólo el Espíritu Santo y la esposa están preparados para el encuentro con el Señor. Antes veíamos que el Espíritu hablaba a las iglesias; ahora el Espíritu de Dios y los vencedores se han hecho uno, y expresan el deseo de que venga el Señor pronto.

La séptima promesa
"Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono" (Ap. 3:21).
Este es el máximo galardón que el Señor puede otorgarle a vencedor alguno. La Iglesia le ha fallado al Señor; entonces el Señor está a la puerta, llamando a quien le quiera abrir. La gran multitud de los creyentes son niños carnales, entretenidos en sus propios deleites y diversiones, en las falsas doctrinas de prosperidad; se han llenado de riquezas materiales, y orgullo; se ufanan de los muchos conocimientos que han adquirido, de sus posiciones ante al Estado y las esferas sociales; ya no necesitan de Dios. Pero el Señor recurre a los vencedores, al que le escuche y le obedezca, al que le abra e intimide con Él; al que esté dispuesto a ponerse de acuerdo con Él. Ya el tiempo está pronto para cumplirse; ya la era de la gracia va a terminar, y viene la del reino milenario; se aproxima el juicio de la Iglesia ante el tribunal de Cristo; entonces el Señor, a cambio de los "tronos" fabricados por los hombres, ofrece la máxima posición de gloria, sentarse con el Señor en Su trono. ¿Por qué precisamente a esta iglesia del tibio período de Laodicea?
Aunque la Iglesia esté ocupada en sus propios intereses y glorias terrenales, entre los vencedores ya existe la expectativa de la venida del Señor. Ellos saben que ese glorioso día está a las puertas; lo esperan ansiosos y aman el regreso del Señor. Los vencedores que reciban este galardón de sentarse con el Señor en Su trono, han de participar de la autoridad del Señor, en su calidad de reyes, gobernando con Él sobre toda la tierra durante el reino milenario de Cristo. Pero antes los vencedores han comprado de Dios oro puro refinado por el fuego.
Aquí el que vence lo hace sobre la tibieza de la iglesia degradada, generada por el orgullo del conocimiento de mucha doctrina, pero sin el Señor. Aquí el vencedor es el que paga el precio para comprar el oro refinado en las pruebas de fuego, las vestiduras blancas de su andar en Cristo y el colirio de la unción y la luz del Espíritu Santo. Al vencedor le toca vencer no sólo la hostilidad del mundo y de su propio yo, sino también, y lo que es peor, la infidelidad, ceguera, prepotencia y desviación de la Iglesia misma. La Iglesia está llena de otras glorias ajenas a la verdadera gloria del Señor; la Iglesia se embriaga de los potentes imanes del progreso material, y se ha olvidado de la verdadera gloria del reino, el cual se gana con la cruz, negándose a sí mismo. Todo creyente que se ocupe hoy en exaltarse a sí mismo y a su ministerio, atropellando a las ovejas del Señor, llegará ese día en que sufra la más dolorosa humillación. En la Iglesia se ha generalizado el concepto de que el Señor sólo nos salvó del infierno; ya no tenemos que ir al infierno, pues no hay idea de cuál es el plan de Dios para la Iglesia; y además nos salvó para que vivamos en esta tierra colmados de bienes materiales y felicidad temporal. Pero viene el juicio de Dios, y el juicio comienza por Su propia casa. Hermano, deja que el Señor juzgue ahora tu andar; permite que el Señor juzgue cada pensamiento; somete al juicio del Señor cada acto tuyo, cada paso que des; acostúmbrate a vivir bajo el juicio de la Palabra de Dios, del Espíritu Santo por tu conciencia, de la voz del Señor dentro de ti. Júzgate a ti mismo usando las herramientas que el Señor te ha dado. Si eso llega a ser tu realidad cotidiana, el día que el Señor juzgue a Su pueblo, para ti será un día de gloria.
¿Todo vencedor estará reinando en el milenio a un mismo nivel que los demás? De acuerdo con la parábola de las minas de Lucas 19:11-26, cada creyente ejercerá en el reino un servicio de acuerdo con el uso que hayamos hecho aquí de los dones que nos ha otorgado el Espíritu Santo, puestos al servicio de Dios. No todos tendremos la misma posición en el reino de los cielos, ni los mismos privilegios, ni disfrutar al Señor en el mismo grado de cercanía. El Señor es justo y obra con justicia. En la tierra medimos los rangos y las posiciones de manera diferente a como se miden en el cielo.

8. El Reino mesiánico en la perspectiva profética (1a. parte)

Capítulo 8
EL REINO MESIÁNICO
EN LA PERSPECTIVA PROFÉTICA
(1a parte)


El hombre recibe el señorío y lo pierde
Después que el Señor terminó toda la obra de la creación, dice la Biblia que Dios creó al hombre. Dios necesitaba de alguien que representara Su autoridad en Su creación. Después que Dios creó al hombre a Su imagen, varón y hembra, dotados con suficiente poder y autoridad, les dijo (Gé. 1:28): Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, sojuzgadla, y señoread (es la palabra clave) en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra". Esas eran las tres áreas sobre las cuales el hombre tenía dominio. Dios le dio señorío al hombre sobre los aires, en las aguas y en la tierra. Dios quería establecer su reino en el universo comenzando por esta tierra, pero con la representación del hombre, una criatura inteligente de su entera confianza.
Pero el hombre le falla a Dios. Viene el drama del hombre y la serpiente antigua, y el hombre le entrega este señorío a Satanás, el mismo señorío que había recibido de Dios. Satanás incita al hombre a independizarse de Dios; le asegura que si come del fruto prohibido serían abiertos sus ojos y sería como Dios, sabiendo el bien y el mal. El hombre cae voluntariamente en la trampa, y es despojado de ese señorío. Queda, pues, siendo Satanás el príncipe de este mundo, como lo dice Pablo en Efesios 2 y en 2 Corintios 4:4, que dice que el diablo es el dios de este mundo, de este siglo. ¿Por qué? Porque recibe el señorío de manos de quien había recibido el señorío de parte de Dios, es decir, del hombre. De manera que el hombre queda siendo esclavo del mismo Satanás. El apóstol Pablo lo describe así: "1Y él (Cristo) os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás" (Ef. 2:1-3). De manera que el hombre se convirtió realmente en esclavo del diablo.
Pero cuando el pecado de Adán es descubierto, hay un juicio de parte de Dios, y viene la maldición de la serpiente, la maldición de Eva y la maldición de Adán y la expulsión del hombre del huerto hasta el día que pudiera comer del árbol de la vida. Pero en medio de todo esto se destaca la promesa de un poderoso Salvador y la lucha y rivalidad históricas entre las dos simientes hasta que el dragón fuese juzgado y vencido en la cruz de Cristo. Dios le dice a la serpiente: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Gé. 3:15). Satanás, pues, recibe un poder especial para gobernar este mundo, y para ello cuanta con una sofisticada y poderosa organización jerarquizada que opera en las tinieblas, integrada por los ángeles caídos que arrastró el querubín Lucero después de su rebelión. Satanás desarrolla así un reino llamado de la "potestad de las tinieblas".

Israel en el Reino
Entonces ese propósito de Dios de establecer su reino en la creación, tuvo aquí en realidad un estorbo, pero con esto no se canceló, pues el Señor ya tenía un plan, y empezó a moverse de tal manera de restaurar las cosas para que su reino se estableciese plenamente en un hombre en quien Él pudiera confiar; no en el hombre caído. El hombre caído quedó descalificado en su esclavitud. Primeramente, cuando ya las cosas se dieron, hubo una línea étnica, una raza en la historia, que se acordaba de Dios, que le temía a Dios, por la descendencia de Set, pues la descendencia de Caín se olvidó de Dios; y en los tiempos de Noé ya la humanidad se había saturado de maldad, sobre todo de ocultismo, un pecado que le duele a Dios sobremanera, porque se le rechaza, y eso acarreó el juicio de Dios por medio de un diluvio. Pero el hombre no quiere hacer lo bueno y se olvida de Dios. La torre de Babel es una evidencia de que el hombre no aprendió la lección del diluvio, volviendo a la práctica del ocultismo, pues la torre de Babel, el primer zigurat de la historia para la adoración ocultista, también es el primer monumento a la auto-exaltación
También de la descendencia de Noé, con el tiempo Dios escogió a un varón llamado Abraham, hijo de Taré de la descendencia de Sem, para ir conformando las cosas, para ir estableciendo los principios a fin de darle comienzo y desarrollo a los planes de Dios encaminados a establecer su reino sobre la tierra; y a partir del capítulo 12 de Génesis, Él lo llama de las tierras caldeas para hacer una nación de su simiente, una nación diferente por medio de la cual revelar su verdad y su justicia; y Dios establece a Abraham en la tierra escogida por Dios, llamada en ese tiempo Canaán, y le da descendencia. Nace Isaac, e Isaac engendra a Jacob, quien le daría el nombre a la nación, Israel, y quien a su vez engendra los doce padres de las tribus de Israel, y su descendencia se multiplica, y por circunstancias que conocemos se van a la tierra de Egipto y con el tiempo llegan a ser millones los hebreos, pero esclavizados, y después de cuatrocientos treinta años, de ese pueblo elige a un varón, a Moisés, para liberarlos, sacarlos y llevarlos por el desierto para prepararlos y revelárseles a fin de entregarles una tierra donde Él empezaría a establecer un modelo, un principio, una avanzada, un arquetipo realmente del reino de Dios sobre la tierra. Al final el reino abarcará toda la tierra, pero Dios empezaría por Israel, además de que de esa raza nacería la simiente de la mujer, el Rey mesiánico.
Y fue así como después de 40 años de deambular por el desierto, para suceder a Moisés, elige a un varón de la tribu de Efraín llamado Josué, y con él en el liderazgo del pueblo entregarles la tierra y establecer una teocracia. Ya se los había dicho en Éxodo 19:6: "Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa". Dios quería que todo el pueblo fuese un pueblo sacerdotal, y un reino a la vez; es decir, Él quería hacer de Israel una teocracia, donde el verdadero Rey fuese Dios mismo. Esta nación fue creada por Dios para Sí mismo, de manera que los israelitas, como nación, fueron los primeros en ser librados de la potestad del reino de las tinieblas, de la jurisdicción de Satanás, y en vez de un príncipe espiritual satánico, como las demás naciones (cfr. Daniel 10:13,20), su príncipe espiritual que los guardaba fue el arcángel Miguel (cfr. Daniel 10:21; 12:1). Pero a ellos se les dio por pedir un rey humano, como las demás naciones del mundo, en vez de seguir siendo una teocracia pura. Entonces Dios se los concedió en lo que se llama la voluntad permisiva de Dios. Ese rey, Esaú, de la tribu de Benjamín, falló, y entonces Dios escogió a un rey conforme al corazón de Dios y estableció, de cierta manera, la teocracia, pues aunque reinaba David, de la tribu de Judá, él hacía la voluntad de Dios, representaba la autoridad de Dios, representaba la realeza del Señor. De todas maneras reinaron David, sus hijos y nietos, pero hacían la voluntad de Dios. Ese era el deseo de Dios para un reino diferente sobre la tierra. Una única nación donde realmente allí reinara Dios y no Satanás. Pero no fue así siempre; y dice la Palabra que al fin ellos fallaron. Y después de la muerte de Salomón el reino se dividió. Diez tribus en el norte tuvieron su propio rey, a Jeroboam iniciando la lista; y las dos tribus restantes, las de Judá y Benjamín continuaron con Roboam, hijo de Salomón, el rey de la línea de David. Lastimosamente ambos reinos le fallaron a Dios. Los reyes del reino del norte todos fallaron y rechazaron a Dios; se involucraron desde el principio en la idolatría para evitar que el pueblo fuese a adorar a Jerusalén y se quedara allá; incluso llegaron a cambiar a Dios por Baal.
Y los reyes de Judá, la mayoría se apartó de los principios de Dios para gobernar su nación. Jeroboam se apartó del principio del reino, para edificarse un reino para sí mismo. Un principio del reino es la unidad, y otro es que hay que adorar donde Dios escoja que se le adore, y Jeroboam no lo permitió. Claro que Roboam también tuvo su cuota de culpabilidad en la división del reino; no representó bien el gobierno de Dios. Entonces el Señor tuvo que tomar medidas correctivas y permitió que sendas naciones impías y poderosas los acosaran, los sitiaran y se los llevara cautivos a tierras extranjeras. Como ellos empezaron a fallarle a Dios, descuidando los principios y leyes del reino, entonces tuvieron que ser llevados, cada reino por separado, cautivos a sendas naciones extranjeras para que vivieran en carne propia la realidad de lo diferente que es el reino de Dios y los reinos del mundo, gobernados por Satanás y sus huestes.

Los dos cautiverios
Sí, hubo un tiempo en que había una nación que representaba el reino de Dios, y cuando esa nación le falló a Dios, ya no se podía decir que ahí reinaba Dios, pues muy pocos obedecían a Dios; sólo un pequeño remanente se acordaba de Dios. Y hasta en el extranjero se enteraron de esa triste realidad, ante la cual Dios determinó levantar sendas naciones poderosas, crueles y presurosas para castigar a los malhechores de Israel y de Judá. La primera gran falla fue dividir el reino y empezar a ser regidos por egoístas principios humanos alejados de la voluntad de Dios. Claro, sobrevino la idolatría. La idolatría socaba los cimientos de la teocracia, aun cuando ésta sea representativa; y mucho más en un reino dividido.
En consecuencia hubo dos cautiverios: Primero, el cautiverio de Israel (las diez tribus del norte) por Asiria en 722 a. C., a causa del castigo recibido por su iniquidad. Esas tribus jamás regresaron; es probable que algunos individuos de Israel hayan regresado con el remanente de judíos (de las tribus meridionales) después del cautiverio babilónico. En verdad descendientes de las tribus norteñas han estado regresando a Palestina pero en el presente retorno de los hebreos a su antigua patria a partir de finales del siglo XIX, y sobre todo con los eventos del Holocausto en Alemania por parte de los nazis en la segunda guerra mundial, y la creación del moderno Estado de Israel en 1948.
El segundo cautiverio recayó sobre el reino del sur, Judá, quien fue sitiado, derrotado y llevado en cautiverio a Babilonia en 605 a. C., al mando del rey Nabucodonosor, durante setenta años, conforme la profecía de Jeremías;*(1) fueron sitiados, vencidos y llevados por causa de su idolatría. Cuando ese tiempo se cumplió, Dios preparó un pequeño remanente de los judíos para que regresaran, pues en su propia tierra debían de conformar el verdadero pueblo por medio del cual viniera el Salvador de los hombres, y verdadero rey que al final de los tiempos restableciera el trono de David, el reino de Dios sobre la tierra. El propósito de Dios con el retorno de ese remanente era que ellos se pusieran en las manos de Dios y comenzara un proceso para el restablecimiento del reino; tratando Dios de restablecer Su reino en Israel; pero ahora sería completamente distinto. Sería un rey en quien Dios podría confiar plenamente, y para ello sería necesario que naciera la simiente de la mujer, el Hijo de Dios encarnado, y muriera y resucitara, y ascendiera a la gloria, y enviara a su Espíritu, y se formara la Iglesia, y pasara el tiempo necesario para su glorioso retorno a la tierra a establecer su reino. De modo, pues, que con el retorno de un remanente no se iba a restaurar el reino inmediatamente; ellos seguirían bajo el dominio de los imperios mundiales que se sucedían en la historia.
*(1) Cfr. Jeremías 27:19-20; 29:10

Grandes revelaciones en el libro de Daniel
El caso, pues, es que a partir del cautiverio de Babilonia, Israel no volvió a ser libre hasta su destrucción total por los ejércitos del Imperio Romano, en el año 70 del primer siglo. Sucesivamente en la historia, Israel estuvo bajo el yugo de las grandes potencias que han dominado el mundo. Dios se lo reveló con lujo de detalles a un profeta exiliado en Babilonia, un hombre temeroso de Dios que había sido llevado con los primeros cautivos. La revelación está contenida en los capítulos 2 y 7 del libro de Daniel. Aun cuando ellos regresasen a su tierra, no serían del todo libres, pues Dios no tenía la intención de poner en el trono a hombre común alguno, sino a su propio Hijo. Veamos, pues, cómo Dios revela a este profeta el curso total de la historia hasta establecer Dios plenamente Su reino en esta tierra, conforme Su propósito original antes de la creación de Adán. Dios le dio toda la autoridad, autonomía y poder a Adán, pero como Adán le falló, Él se propuso establecer a alguien que no le falle jamás. El rey que vendrá ya tiene toda la potestad de parte de Dios.*(2)
*(2) Cfr. Mateo 28:18

En los capítulos 2 y 7 del libro de Daniel hay una revelación bajo dos enfoques. Uno (capítulo 2) es hecho en parte a un rey pagano; digo en parte, porque Nabucodonosor no tuvo conocimiento del hecho hasta que el profeta de Dios se lo reveló. Tengamos en cuenta que al rey se le había olvidado el sueño, y el profeta lo desconocía; sólo lo supo después que Dios se lo reveló. De manera que la verdadera revelación de aquello se la hizo Dios al profeta. Y hay una segunda parte, un segundo punto de vista revelado directamente al profeta, que se encuentra en el capítulo 7. En el capítulo 2 la revelación comienza de acuerdo con el punto de vista del hombre. El hombre sólo ve la majestad que en torno de sí mismo se crea, la gloria que a sí mismo se da o le otorgan los demás; gloria efímera envuelta en vanagloria. Pero Dios ve la realidad intrínseca de las cosas; Dios ve lo bestial que es la gloria y el gobierno del del hombre. En el capítulo 2 vemos una imagen apoteósica; en el capítulo 7 Dios revela esos mismos imperios mundiales pero representados en una sucesión de bestias, como lo que realmente han sido.
El rey Nabucodonosor recibe la revelación en un sueño, pero el sueño se le olvida. Eso lo permite Dios a fin de que ningún mago especule y le haga creer al rey una interpretación mentirosa y acomodada. Este rey era un individuo muy centrado en sí mismo y en su gloria terrena; él pensaba en la grandeza de Babilonia, en esos palacios y jardines colgantes, en su poderoso ejército, en sus futuras conquistas y dominios, etc. Él estaba preocupado por lo que sería de todo eso, cuántos años estaría gobernando, quién vendría después de él, y cómo acontecerían todas esas cosas. Él ostentaba la corona de un imperio muy brillante. Me imagino que vivía pensando en aquello día y noche. Es posible que al profeta Daniel también le inquietaría el futuro de su pueblo. Entonces Dios le dio un sueño al rey revelándole el futuro, pero también al profeta. Después de haber sido llamados y consultados todos los caldeos, astrólogos, magos y videntes que rodean un poderoso gobernante oriental, y ante la imposibilidad de éstos de adivinar e interpretar el sueño del rey, iban a ser llevados a la muerte. Daniel solicitó que no matasen a estos señores y que le dieran un tiempo a él para mostrarle la interpretación al rey. Después de haber orado y recibido la revelación de parte de Dios, Daniel se presentó delante del rey, glorificando a Dios. Dice la Palabra de Dios en el libro del profeta Daniel, capítulo 2:
"27Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. 28Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama: 29Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser. 30Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación, y para que entiendas los pensamientos de tu corazón".
Los reinos terrenales y el curso de la historia
A continuación el profeta Daniel continúa con la interpretación del sueño de Nabucodonosor, diciéndole:
"31Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen (porque a Nabucodonosor se le había olvidado el sueño). Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. 32La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; 33sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. 34Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó".
Dios le muestra a Nabucodonosor cuatro grandes imperios que dominarían al mundo civilizado hasta el fin de la historia, y se estableciera definitivamente el reino de Dios sobre la tierra, cuyo glorioso Rey está representando aquí por una piedra que caería del cielo, la cual destruiría todo el reinado de Satanás sobre la tierra. La piedra fue cortada no con mano. La cosas de Dios no se realizan por iniciativa humana, por proyectos ideados por los hombres, y menos lo relacionado con el establecimiento de Su Reino, por muy magníficos que nos parezcan. Dios tiene un plan eterno, inconmovible y verdadero; plan que aparece en la Palabra y que nos lo revela por Su Espíritu. La Palabra de Dios no admite reformas humanas. Todo lo escrito tendrá su cumplimiento. Todo está registrado en el libro sagrado.
"35Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno (aquí vemos que Dios desmenuza toda la gloria y los propósitos de los hombres). Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra".
Esa es la piedra angular de que habla Pedro. Dios es quien pone los reyes y los quita, y les da a los hombres autoridad para que reinen. El presidente Álvaro Uribe Vélez acaba de ganar las elecciones para su segundo período debido a que Dios le dio esa autoridad. Es Dios quien le concede prolongar su mandato. Sigue diciendo Daniel al rey:
"36Este es el sueño; también la interpretación de él diremos en presencia del rey. 37Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. 38Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro".
Babilonia. Israel se aparta de Dios hacia la idolatría; ya Dios no era tenido en cuenta allí, y Dios decide transferir el dominio de la tierra a las manos de los gentiles, y por causa del cautiverio, esa transferencia recayó en la persona de Nabucodonosor. Babilonia entonces vino a ser esa cabeza de oro. La Palabra de Dios revela que Babilonia fue el imperio más brillante y glorioso que ha existido en toda la historia de la civilización. No el más poderoso, pues a medida que fueron sucediéndose esos imperios mundiales, se iban degradando y perdiendo su brillo de gloria, pero paradójicamente en esa misma proporción iban ganando en fuerza y poder. En la gran estatua del sueño, después de la cabeza de oro (Babilonia) seguía el pecho y los brazos de plata, luego su vientre y sus muslos de bronce, sus piernas de hierro, y por último, sus pies de hierro y de barro cocido. Los materiales de esa estatua se iban degradando a medida que descendía a la tierra. Es algo que parece contradictorio, pero es la realidad. Los hombres, en la medida en que adquieren más fuerza y poder, más se degradan moralmente, y su corazón se desliza más hacia la corrupción y la crueldad.
"39Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra".
Media y Persia. ¿Qué poder mundial surgió después de Babilonia? Una coalición de los medos y los persas (los dos brazos de la estatua unidos por el pecho) se tomaron el poder mundial y derrotaron a Babilonia. Eran menos brillantes pero más poderosos en fuerza. La plata tiene menos valor y preciosura que el oro, pero es más fuerte.
Grecia. Después se levantó un tercer gran imperio, Grecia, en manos de un joven macedonio llamado Alejandro, más conocido en la historia como Alejandro Magno, hijo de Filipos, rey de Macedonia, quien en el corto lapso de diez años llegó a conquistar y dominar el mundo; y después de su muerte su gran imperio fue dividido y prolongado por sus cuatro grandes generales del estado mayor, extendiendo e implantando por el mundo la cultura helenística, usada por Dios incluso para la expansión del evangelio.

Imperio Romano
"40Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo".
A Babilonia le llegó el fin; lo mismo le sucedió a los medo-persas; a los griegos también les llegó el fin de su poderío por medio de la incursión de un cuarto reino muy poderoso pero extremadamente sanguinario, llamado Roma. Recuerden, hermanos, que el imperio romano está representado por las dos piernas de hierro de la estatua. Roma fue un imperio con dos capitales: Roma propiamente dicha, en la parte occidental, y Constantinopla en la parte oriental. Y hubo un prolongado tiempo en que fueron sus capitales simultáneamente. Esta circunstancia sirvió para su posterior debilitamiento. Ha sido el imperio más cruel y sanguinario de la historia.
"41Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido. 42Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil. 43Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro".

Imperio Romano resurgido
El cuarto imperio, el romano, no existe ya en la historia. Roma, su capital occidental, sucumbió en el año 476, en manos de Odoacro, un jefe de los mercenarios germánicos de Italia, quien depuso al emperador Rómulo Augústulo y envió a Constantinopla las insignias imperiales. Constantinopla, su capital del ala oriental, fue conquistada por los turcos en 1453, instaurando un régimen islámico. Sin embargo el imperio romano ha continuado latente en estos siglos en toda la civilización occidental; pero al final de los tiempos ocurrirá un resurgimiento de este imperio, no con el poder y la fuerza antigua, sino que termina en diez dedos que no son totalmente de hierro, sino que tienen parte de ladrillo, para que se entienda mejor; y el hierro jamás se mezcla con el ladrillo; jamás se compactan; eso ocurre sólo en apariencia; en el momento en que reciban un golpe contundente, cae el hierro por un lado y los pedazos de ladrillo por el otro. De manera que son uniones aparentes, muy débiles y frágiles.
Son diez dedos. El número diez representa la totalidad de las naciones surgidas de las antiguas provincias del Imperio Romano, incluyendo las naciones que fueron colonias de ultramar de esas metrópolis. Son las naciones que al final de los tiempos le darán el trono al Anticristo, y que en determinado momento estarán aparentemente unidas. Por ejemplo, los países que conforman la Unión Europea aparentemente están unidos por múltiples instituciones políticas y económicas, su parlamento, su constitución, el euro, etc., pero siguen manteniendo en sí mismos sus barreras, allí subyacen nacionalidades e intereses que defienden por encima de los pactos multinacionales. Los ingleses, los franceses, los alemanes, los españoles siempre defenderán lo que son, incluyendo su cultura ancestral, aunque ahora vivan una unión y alianza continental.

La Piedra lanzada por Dios
"44Y en los días de estos reyes (cuando estén gobernando al mundo estos reyes; esto no se hado aún en la historia) el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, 45de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación".
Yo creo que los romanos jamás pensaron que el imperio romano llegaría a ser destruido, que sucumbiría; eso jamás. Pero el Rey que pondrá Dios, nunca será destronado. Él vendrá a darle fin a la historia de los grandes poderes mundiales humanos. Jesucristo desmenuzará y consumará todos estos reinos y todas las naciones de la tierra tendrán que someterse a su autoridad y a su reino.
Al trasladarnos al capítulo 7 de Daniel, vemos el aspecto bajo el cual este profeta vio el curso los imperios en la historia de la humanidad. Ya hemos visto que los reinos del mundo son apoteósicos, tienen una aparente y efímera gloria, y la humanidad sueña con vivir esas grandezas. Pero la gloria de los grandes imperios y las realezas mundanas es sumamente aparente, pasajera y frágil. Dios es quien ve la realidad de las cosas, y Él es quien tiene en sus manos la continuación y el desarrollo de los asuntos según como Él lo trazado, por mucho que se crea lo contrario. Todo el plan de la economía de Dios ha de realizarse cumplidamente. Nada ha sido dejado al azar. El gobierno del Anticristo que vendrá, en lo terrenal podrá aparecer con mucha gloria y poder, pero será de poca duración. Dice en Apocalipsis que la gente lo adorará, lo admirará e irá tras él, y dirán: ¿Quién como la bestia? ¿Quién podrá luchar contra ella? ¡Miren qué gloria! ¿Cuándo se había visto algo semejante en toda la historia?*(3) Según la visión del apóstol Juan, se maravillará toda la tierra en pos de la bestia.
*(3) Cfr. Apocalipsis 13:3-4.

Los imperios bestiales
Por eso Dios ha revelado cómo ve Él los reinos del mundo; al profeta Daniel y al apóstol Juan, en primer lugar. Daniel recibió una revelación de esos cuatro imperios mundiales, Babilonia Persia, Grecia y Roma, en las figuras de cuatro bestias, porque no han sido otra cosa. Cada bestia revela exactamente las características y cualidades del respectivo reino. La primera bestia, un león con alas de águila, simbolizaba la grandeza del imperio babilónico; la segunda bestia, un oso con un costado más alto que el otro, y en su boca tres costillas entre sus dientes, simbolizaba la alianza devoradora y sangrienta de los medos y los persas; la tercera bestia, semejante a un leopardo con cuatro cabezas y cuatro alas de aves en sus espaldas, simbolizaba el veloz dominio del mundo por parte de los griegos; y la cuarta bestia, espantosa y terrible, que era como una mezcla de las tres anteriores juntas, pero con diez cuernos, simbolizaba el terrible imperio romano. Todos esos gobiernos han sido bestiales y satánicos, pues Satanás, el príncipe del mundo y de la potestad del aire, es el supremo titiritero que los manipula desde los aires con su poderosa organización espiritual de las tinieblas.*(4) Pero hay una explicación del sueño. Leamos al profeta Daniel en el capítulo 7: "15Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron. 16Me acerqué a uno de los que asistían, y le pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló, y me hizo conocer la interpretación de las cosas. 17Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra".
*(4) Cfr. Daniel 10:12-13.

Hay que analizar por qué se centra la Palabra de Dios en estos cuatro grandes imperios. El Señor revela lo que no es conocido; por eso la revelación empieza en tiempos del profeta que la recibe. Antes de Babilonia había habido dos grandes imperios que alguna relación tuvieron con el pueblo de Dios: Egipto y Asiria. En Egipto el pueblo se había multiplicado, pero habían estado esclavizados; Asiria había invadido el reino del norte y se los había llevado en cautiverio. Ahora los cuatro grandes imperios a partir de Babilonia, todos sometieron a la tierra santa. Cuando el Señor nació en Belén, la tierra santa estaba sometida por la cuarta bestia, por Roma; y fue Roma quien dictó la sentencia y lo llevó a la cruz. Todos estos imperios han sido bestiales y satánicos; pero, ¿cuál será el fin de ellos cuando Satanás sea encerrado en el abismo? Dice Apocalipsis 20:1-3: "1Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. 2Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; 3y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo". Cuando el Señor regrese a la tierra y Satanás sea lanzado al abismo, inmediatamente toda la estructura de su poder caerá al piso, como vio Daniel que se desmoronó toda la imagen vista por Nabucodonosor. Aunque todos esos imperios mundiales hayan caído en la historia, todavía persiste la estructura de toda la imagen. El poder mundial que llevará al poder al anticristo aparecerá con algo de la brillantez del oro babilónico, tendrá mucho del poder destructor de los medos-persas, algo de la habilidad, destreza y ligereza de los griegos, y poseerá, sobre todo, el espíritu sanguinario y fiereza del imperio romano. Pero todo eso será consumido con la llegada gloriosa del Señor Jesucristo.
"18Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre".
¿Quiénes son los santos del Altísimo? La Iglesia; sobre todo los vencedores. Y el caso es que la Iglesia le está poniendo poca seriedad a este asunto del reino. Y según la Palabra de Dios, el reino es prioritario. "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mt. 6:33). Nosotros tenemos una gran responsabilidad frente al reino de Dios. Es una orden del Señor que nos preocupemos por el reino muy por encima de todos nuestros intereses y necesidades particulares.

8. El Reino mesiánico en la perspectiva profética (2a. parte)

Capítulo 8
EL REINO MESIÁNICO
EN LA PERSPECTIVA PROFÉTICA
(Segunda parte)

Un cuerno enigmático
"19Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies; 20asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, delante del cual habían caído tres; y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros".
Ahí es revelado la aparición del Anticristo, que surge de estas últimas naciones que corresponde con los diez cuernos de la cuarta bestia y con los diez dedos de la estatua del sueño de Nabucodonosor.
"21Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, 22hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino".
Vemos en la Palabra la revelación de que Dios nos ha hecho reyes y sacerdotes; pero para reinar con Cristo hay que ser vencedor.
"23Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará. 24Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. 25Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo".
Eso concuerda con los tres años y medio revelados en Apocalipsis (cfr. Apocalipsis 13:5; 11:2).

Instauración del reino de Dios
"26Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, 27y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán".
Se sabe que Cristo vendrá pronto, y va a establecer Su reino, y los vencedores de la Iglesia reinarán con Él. Pero mientras tanto, todas las naciones están sufriendo la tiranía de Satanás. Incluso el moderno Israel está sufriendo esa esclavitud. ¿Cuándo volverá Israel a estar bajo el reino de Dios como antaño? Hasta que le sea quitado todo poder a los gentiles y al mismo Satanás (cfr. Ro. 11:25). Dice la Palabra de Dios que la creación entera está aguardando ardientemente, gimiendo con dolores de parto, la manifestación de los hijos de Dios y que la creación misma será libertada de la esclavitud a que la ha sujetado Satanás y sus huestes malignas que la han dominado (cfr. Romanos 8:19-22). Hay un mandato perentorio del Señor de que nos encarguemos de difundir y predicar el evangelio del reino, pero debemos luchar fuertemente contra una poderosa oposición comandada por el diablo. Las huestes del reino de las tinieblas están organizadas jerárquicamente en los aires. Cada nación o provincia de la tierra tiene su príncipe satánico, ayudado por incontables por potestades, dominaciones, gobernadores de las tinieblas y ejércitos de ángeles caídos (cfr. Ef. 6:12). Ellos son los verdaderos enemigos, y la Iglesia es la única que no está bajo el gobierno de Satanás y su reino tenebroso. La Palabra dice que Dios "nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo" (Col. 1:13). También dice la Palabra que el Señor le dijo al apóstol Pablo que le enviaba a los gentiles "para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios" (Hechos 26:18).
La Palabra de Dios revela que Cristo mismo ya está reinando ahora; está sentado en el trono del Padre; y nosotros en cada localidad estamos representando el reino de Dios. Para que el reino de Dios sea bien representado en cada localidad, se debe estar guardando la unidad del cuerpo de Cristo. Las divisiones en la iglesia dan la imagen de un reino dividido. Cuando Josué llega a la tierra prometida, él avanza con el ejército a su mando, un solo ejército, para tomar para Dios la tierra prometida localidad por localidad. Pero quien en verdad obraba con ellos, y les daba la victoria, era Dios; y miren cómo les entrega la primera ciudad, a Jericó. ¿Recuerdan el cuadro? Solamente tuvieron que obedecer la orden de Dios, como quien dice, el Jefe del estado mayor del ejército. Darle seis vueltas a la ciudad en seis días, y en el séptimo día proclamar la victoria de Dios, dando ese día siete vueltas. Dijo Josué: Gritad, porque el Señor os ha dado la ciudad.*(1) Y aquellas fuertes murallas cayeron derribadas como si fueran de cartón. Era la victoria de Jesucristo. Pero en Jericó no se detuvieron; siguieron tomándose las otras ciudades, y Dios peleaba por ellos y con ellos, e iban tomando localidad por localidad, para instaurar un comienzo y modelo del reino de Dios sobre la tierra. Nosotros tenemos esa misión: ir tomando localidad por localidad, e ir estableciendo el reino en cada una de ellas.
*(1) Cfr. Josué 6:15-21
¿Quién desea realmente que venga y se manifieste el reino de Dios? La gente recita la oración del Padre Nuestro, y dicen: "9Padre nuestro que están en los cielos, santificado sea tu nombre. 10Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mt. 6:9-10). Pero si yo le digo al Señor: "Venga tu reino"; necesariamente que debe venir en primer lugar a mí. Que el Rey (Cristo) reine en mí. Tenga su trono en mi corazón, punto central de mi vida. Y reinando en mí y reinando en ti, y reinando en cada uno de los hermanos, como consecuencia el Señor reina en la Iglesia, y así entonces se está viviendo el reino. Y el mundo podrá ver que Dios reina en nosotros; eso es inocultable. Unos más, otros menos, pero el que no se somete, pues entonces hay disciplinas, hay pruebas, se establecen instancias, el Señor trata con nosotros. ¿Qué dice la Palabra de Dios al respecto? ¿Cuáles son los principios del reino? Estúdiese con detenimiento, muchas veces, el famoso sermón del monte. Ahí están resumidos los principios del reino, cómo debemos de vivir, de comportarnos como hijos de Dios. Dice el Señor allí que nuestra vida aun sea más rígida que la de los mismos religiosos. "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt. 5:20). Eso lo declara enfáticamente el Señor. "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt. 5:3).
Entonces, cuando aún estaba en vigencia el gobierno de la cuarta bestia, ya tiene una primera manifestación la piedra no lanzada con mano. Ya se manifiesta en el escenario de la tierra santa. En Mateo 3 dice la Escritura por boca de Juan el Bautista; el estaba predicando por el desierto, pero abre su boca para declarar algo de suma importancia: "2Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". En ese momento todavía no se manifiesta; apenas se está acercando; de manera que ya es tiempo de que se arrepientan. Ya está por ahí cerca el que lo ha de manifestar, el que lo ha de regir. Luego en el siguiente capítulo, en el 4, lo dice el Señor en persona: "17Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado". Todavía el reino en ese momento no ha llegado; apenas se ha acercado. Para su manifestación tiene el Señor que permanecer un tiempo aquí desarrollando Su ministerio terrenal, y luego ser llevado a la cruz, donde muere por nuestra salvación, y luego ser sepultado, y luego resucitar, y luego ascendido a los cielos y ser glorificado, y luego enviar Su Santo Espíritu, a fin de que Su Espíritu nos traiga la vida de Dios y penetre y haga morada en nuestro espíritu y se haga uno solo con nuestro espíritu, y empecemos realmente a hacer parte del nuevo hombre, del verdadero hombre que ha de reinar en esta tierra, no para el reino de las tinieblas sino para Dios, Jesús y Su Iglesia, trayendo con Él el reino de los cielos, y a representar el reino de Dios en esta tierra.

El Reino es la quintaesencia del evangelio
Nosotros hacemos hoy parte de ese Rey, pues Él nos ha hecho reyes y sacerdotes; el Señor nos ha elevado a esa posición gloriosa; y la Palabra de Dios nos dice que debemos predicar el evangelio del reino. Por ejemplo, en Mateo 10 encontramos una habilitación y comisión de los doce discípulos más íntimos del Señor. Allí vemos que ellos fueron comisionados y enviados, no sin antes ser dotados de autoridad sobre los espíritus, para que los echasen fuera, para sanar toda enfermedad y toda dolencia, como sellos divinos que garantizaban la autenticidad del mensaje. El reino de los cielos es la quintaesencia del evangelio, pero ellos no iban a pregonar, diciendo: Ya llegó el reino de Dios, pues Cristo no estaba reinando todavía, pero el Señor decide enviarlos esa vez con ese bendito mensaje precursor, como los primeros rayos del alba anunciando la aparición del sol. Bueno, vosotros vais a salir ahora "y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado". Según el contexto vemos que aquellos hombres llevaban el mensaje de salvación y liberación, pero la presencia del bendito Salvador y su poder manifestado, también aseguraba la presencia física del Rey, de manera que era inminente la irrupción en medio de ellos de las gracias espirituales propias del reino de los cielos.
Nosotros hemos construido pequeños reinos en torno nuestro. Hay cosas que para nosotros revisten tanta importancia, que llegan a acaparar toda nuestra atención. Subjetivamente pueden estar ubicadas en cualquier rincón de nuestro corazón, pues objetivamente puede comprender algún aspecto de nuestro trabajo, de nuestra ocupación cotidiana, de nuestra economía, de nuestros amores y sentimientos, de manera que se agiganta tanto que se convierte en nuestro pequeño reino; y llega el caso en que no admitimos que nada ni nadie nos confronte frente a aquello. No pocas veces estamos deseando que se realice lo planeado por nosotros. Pero hay algo que ocurre, y es que no tenemos en cuenta que hacemos parte del cuerpo de Cristo, de Su Iglesia, que el Reino es de Cristo, que debo interesarme por trabajar por el Reino; y el caso es que en todo esto está en juego mi propia participación en la manifestación futura del Reino. Para que, cuando Cristo venga, yo pueda participar en las bodas del Cordero y en la manifestación gloriosa del reino, es necesario que esté participando ahora en la realidad de ese reino en la Iglesia y trabajando por él, obedeciendo sus principios y viviéndolo activamente en estos días. Acordémosnos de la parábola de las diez vírgenes.
Si no lo hacemos así, ¿qué diferencia podríamos tener con los gentiles? "32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mt. 6:32-33). ¿Cuáles son las preocupaciones centrales de los gentiles? En qué comer, qué beber, dónde vivir, qué manejar, cómo enriquecerse, dónde gozar; eso es lo que busca el mundo; y matan y roban y engañan y se llenan de enemistades y se hacen la guerra a fin de darle feliz cumplimiento a todas esas cosas. El mundo es una sola rebatiña. La vanidad colma el corazón de las gentes sin Dios; ese es su interés principal. Pero no hagáis vosotros así, pues vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de comer, de beber y de vestiros. Nosotros ya estamos en el reino; el reino de Dios ha venido a nosotros. Nosotros no vivimos bajo la autoridad del príncipe de este mundo, para seguir esa corriente de tinieblas, sino que el Reino de nosotros tiene un Rey Santo, un Rey de amor, pero también de disciplina. Si nuestro interés primordial es buscar el reino de Dios y su justicia, entonces el Señor cumplirá Su palabra de proveernos lo necesario, de abrirnos puertas de trabajo o los medios adecuados para que tengamos a tiempo nuestra comida, nuestra bebida, nuestros vestidos, nuestra vivienda, y a veces hasta para nuestro recreo, porque de eso también tenemos necesidad. Él sabe que necesitamos algún descanso temporal, nuestras pequeñas vacaciones; todo eso lo sabe el Señor. "Y todas estas cosas os serán añadidas". Dios se compromete a eso en Su Palabra. Quien trabaja para el Señor, Él cumplidamente le suplirá para sus necesidades.

Real sacerdocio
Nosotros estamos ubicados en la Palabra en ese contexto. Nosotros estamos siendo entrenados para gobernar como reyes y ministrar como sacerdotes. Por ejemplo, el apóstol Pedro en su primera carta nos declara: "4Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado. 7Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; 8y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. 9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Pe. 2:4-9). Allá ellos, los desobedientes, pero vosotros sois linaje escogido. Para Dios somos una raza especial; ya no somos nu judíos ni gentiles. Originalmente, Dios sí quería hacer de Israel una nación sacerdotal, pero ellos cayeron en la idolatría y no calificaron. Nosotros ahora somos reyes y sacerdotes, porque estamos en Cristo, quien es Rey de reyes y Sumo Sacerdote. Nótese que Pedro no dice seréis sino sois, en presente. Somos linaje escogido, real sacerdocio. ¿Para qué hemos sido llamados? Para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable; para anunciar las virtudes del Rey. Para eso hemos sido llamados por Dios, para anunciar esas virtudes del Señor y, claro, mostrarlas en nosotros mediante un testimonio santo.
En Apocalipsis también aparece esta declaración. "Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén" (Ap. 1:6). Nos hizo. Es un hecho. "9Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre los has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10y los has hecho para nuestro Dios reino y sacerdotes, y reinarán sobre la tierra" (Ap. 5:9-10). Fuimos sacados de todo linaje y lengua y etnia; ahí están las diez vírgenes. Eso somos y lo seremos para toda la eternidad con el Señor. En todo reino hay un rey, y hay un territorio que comprende los límites del reino, y hay súbditos, pero también hay leyes, hay principios morales y jurídicos, y hay disciplinas. Los principios del reino de Dios son totalmente opuestos y diferentes a los principios de los reinos del mundo. Yo creo que las leyes y constituciones de los reinos del mundo que más pueden semejarse a los principios del reino de Dios son aquellas que se basan en alguna medida en la Palabra de Dios.

¿Restaurarás el Reino ahora?
Entonces, hermanos, ¿quién escribe esto que aparece en Apocalipsis? Juan, uno de los doce apóstoles del Señor Jesucristo. ¿Quién escribió lo que hemos leído anteriormente? Pedro, otro de los doce. Pero lo curioso es que ellos mismos, Juan, Pedro, Mateo, Felipe, Andrés, Santiago y demás discípulos, ya llegada la hora de la ascensión del Señor, se acercan a hacerle una pregunta al Señor. El Señor los había convocado a que se reunieran en el monte de los Olivos, pero ellos, antes que el Señor ascendiera al cielo, le hicieron una pregunta. Es posible que todos esos días hubiesen estado a la expectativa de cada palabra, de cada movimiento del Señor después de haber resucitado. ¡Qué gloria, qué días aquellos! ¿Qué vendrá ahora, Juan? ¿Qué podrá suceder en estos días, Pedro? Y se lo preguntaron directamente a Él. Si no es ahora, ¿podremos tener otra oportunidad? "6Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" (Hch. 1:6). Ellos, sus íntimos amigos y discípulos, tenían esa preocupación; ellos sabían acerca de las promesas de Dios sobre el reino. Y también creían que Jesús era el verdadero Rey mesiánico; luego fueron testigos de cómo el Señor se entregó para que lo mataran; que voluntariamente se entregó para que lo juzgaran y lo llevaran a la cruz, pues también lo hubiera podido eludir y huir con sus discípulos; irse lejos. Pedro mismo se lo había insinuado (cfr. Mateo 16:22). Todo eso pudieran estar ellos pensando días antes. Pero se dejó matar. Bueno, resucitó. ¡Aleluya! Pero, ¿qué sigue ahora? Ahora vemos que se va. ¿Esto qué es? Hay algunas cosas ahora que no entendemos. Por eso le preguntan al Señor resucitado y en las puertas de la ascensión que si iba a restaurar el reino a Israel en ese tiempo.
La pregunta de los discípulos del Señor Jesús, en cuanto a la restauración del reino, es legítima y correcta, teniendo en cuenta que ellos conocían muy bien las profecías del reino mesiánico prometido a Israel, reino para el cual sería restaurado el trono de David, y ocupado por un descendiente directo de ese linaje real. Pero lo que ignoraban los discípulos del Señor era que el Señor Jesús habría de llegar a la gloria del reino a través de la cruz y mediante la previa edificación de la Iglesia, pues, como era (y sigue siendo) la pauta en general de los judíos, ellos no veían en la profecía bíblica sino una sola parusía del Mesías. Los israelitas no han vislumbrado aún que en la primera venida el Mesías tendría que someterse al sufrimiento y a la muerte, luego de su resurrección vendría la glorificación, y mediante la venida del Espíritu Santo, conformar un cuerpo élite que estaría reinando con Él, y por fin regresar en gloria y poder a establecer el reino, conforme las Escrituras.
Pero, hermanos, meditemos en esto. A ellos, a los judíos, se los llevaron cautivos a Babilonia, y aunque un remanete regresó en tiempos de los medos-persas, siguieron bajo el dominio extranjero; luego viene un tercer imperio mundial gobernado por los griegos, y siguen bajo el dominio extranjero. Incluso el historiador Flavio Josefo narra en uno de sus libros, cómo recibieron apoteósicamente a Alejandro Magno en Jerusalén, pero él no les dijo a los judíos: Vengo a darles la libertad, no; ustedes seguirán bajo mi yugo.*(2) Entonces en tiempos de Babilonia los judíos estaban bajo dominio extranjero; en tiempos de los medos-persas, también; bajo el gobierno griego, también; bajo los romanos, también, y nada que Dios restaura el reino. ¿Estaba Dios haciendo algo para restaurar el reino? Claro que sí, pero a su debido tiempo. Ya se había manifestado el Rey, pero faltaba algo. Sus discípulos no entendían los movimientos de Dios, y por eso le preguntan: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Como quien dice: Te hemos visto resucitar, hemos visto tu poder, cómo resucitaste, cómo traspasas las paredes, como te haces invisible, cómo luego restauras tu visibilidad, cómo comes a voluntad, cómo caminas o vuelas si quieres; luego tú tienes poder para restaurar el reino a Israel en este tiempo. Creemos que tú eres el Rey. ¿Lo restaurarás? Ya te vas. ¿Qué es lo que está impidiendo? Ellos no entendían nada, hermanos, debido a que ellos veían todo eso a través de un lente muy humano, como pensando: Bueno, el Señor puede ahora llamar a arreglar cuentas a todos aquellos que lo crucificaron; puede llamarlos al yugo y sacudirse de Pilato y de todo el imperio romano, incluyendo al mismo césar romano. Aquí estamos nosotros para gobernar contigo. ¿Qué impide ahora?
*(2) Flavio Josefo. Antigüedades de los Judíos. Tomo II. Cap. VIII, 5, p. 256.

Pero ellos no sabían que el reino de Dios es diferente. Al reino de Dios hay que verlo y comprenderlo desde adentro; y la carne no lo puede ver ni mucho menos entrar en ese reino. La mente carnal no puede comprender el reino de Dios.*(3) Cuando el espíritu de Adán murió sin haber comido del árbol de la vida, sino que en cambio había comido del árbol del conocimiento del bien y del mal, el espíritu se opacó y, en cambio, empezó a erguirse y a crecer el alma; y cuando el alma se engrandece, su centro neurálgico es el ego, el yo. Ese constituye el centro del alma. ¿Tú qué opinas? Yo no quiero eso; yo prefiero esto otro. Yo soy el que mando. Yo soy Hitler, y voy a dominar el mundo. Esa es el alma humana. Por eso dice el Señor: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mt. 16:24). Si decide no hacerlo, no puede seguir a Cristo; no lo entiende. El yo y Cristo no pueden caminar juntos a menos que haya una renovación del alma. Dice Pablo que las cosas de Dios no las puede entender la carne; es decir, el hombre natural o el creyente carnal;*(4) y el alma es parte de la carne cuando no ha sido renovada. Hablando del reino de Dios, le dice el Señor a Nicodemo que nadie puede mirar el reino, ni mucho menos entrar en él a menos que nazca de nuevo para ese reino; debe experimentar un nuevo nacimiento, de arriba, para que pueda la vida de Dios entrar en su espíritu y darle la vida increada; y así podrá ver cosas que nunca antes había podido ver.*(5)
*(3) Cfr. 1 Corintios 2:14
*(4) Cfr. 1 Corintios 3:1-4
*(5) Cfr. Juan 3:1-7

Nosotros, por la misericordia del Señor, hemos llegado a tener la vida de Dios, entonces podemos ver el reino de Dios; debemos, pues, ver el momento crucial que estamos viviendo, y no seguir navegando en la barca de nuestra alma. Embarquémonos con el Señor; entremos en el reino de Dios. Ellos quisieron ver establecido el reino de Dios en ese tiempo. Pero en ese momento ¿quién lo podría comprender? ¿Quién conocía a Cristo? ¿Quién? Ni siquiera ellos mismos lo conocían bien. Para ellos conocer a Cristo tuvieron que recibir el Espíritu Santo en el día de Pentecostés; y cuando ellos recibieron el Espíritu en el día de Pentecostés, en ellos hubo una verdadera revolución, y se les quitó de los ojos un grueso velo, y pudieron ver la realidad de quiénes realmente eran ellos, de quién era Dios y Su Cristo, de cuáles son los propósitos de Dios.
Aveces nosotros ni siquiera nos asomamos a meditar en esa realidad y pensar en el poder que tenemos. Dice Mateo 12:28: "Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios". Eso sólo lo puede realizar una persona que tenga el Espíritu de Dios, y esté dentro de los parámetros del reino de Dios. Porque el otro reino, el de las tinieblas, ya está juzgado y vencido; sus días están contados. El decreto ya fue expedido contra Satanás y las huestes espirituales de impiedad. "Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera" (Jn. 12:31). Dice el hermano Pember: "Esta sentencia aún no ha sido aplicada; pero acontecerá, aparentemente, cuando Satanás fuere amarrado y lanzado por mil años al abismo (aquella profundidad ardiente en el centro de la tierra), que, según la Escritura, es la cárcel de los que mueren perdidos. Así, él sufre la primera muerte durante el Milenio y, después, la segunda, al ser lanzado en el lago de fuego y azufre (vea Is. 24:21,22; Ap. 20:1,2; 20:14)".6 Vemos que la sentencia fue pronunciada, pero aún Satanás no ha sido destituido de su cargo gubernamental ni despojado de su título de príncipe de este mundo, hasta que sea encadenado y lanzado al abismo; sin embargo los vencedores en la Iglesia están en el reino de Dios, y representan el poder y la autoridad de Dios, sobre todas las tinieblas.
*(6) George Hawkins Pember. "Las eras más primitivas de la tierra". Cap. 2, pág. 59

Volvamos a Hechos 1:6. Ahí hay algo que el Señor nos quiere decir. "Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" Allí no se reunieron cualesquier personas; se reunieron el Señor y Sus discípulos más íntimos. Le preguntaron: "¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" Como diciéndole, ¿seguiremos nosotros bajo el yugo romano? Eso era lo que pensaban ellos. No tenemos para qué especular, pero a veces se me da por pensar cosas y situarme en la escena de los cuadros bíblicos. Después de tres años y medio de estar escuchando al Señor tantas parábolas donde les decía que era necesario que Él se fuese y enviase Su Espíritu y más tarde volviera para establecer Su Reino, etc., y ahora le salen con esa pregunta. Bueno, pero el Señor, con paciencia y mucho amor, les responde aparentemente con una evasiva, diciéndoles: "7No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad". No os toca a vosotros saber los cronos o los kairós, los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad. El Padre tiene todo bien planeado; pero para que ocurra todo lo que ustedes me están preguntando, para que se establezca el reino, es necesario que el día que regrese Cristo, todos lo vean y sepan todos quién es el que viene, y, por ello mismo, muchos correrán a esconderse debajo de las piedras y en las cuevas de los montes. Y sabrán perfectamente quién viene. En aquel día de la pregunta, nadie sabía quién era Jesús de Nazaret, sólo unos poquitos. Para eso era necesario que primeramente ocurriera la extensión de ese conocimiento entre los hombres, y por eso les siguió diciendo: "8Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra".
La restauración del Reino y exaltación del Rey mesiánico sólo tiene desarrollo y final cumplimiento según el plan eterno y la sabiduría de Dios. Allí el Señor habla de tiempos y sazones (cronos y kairós). Dios sabe exactamente cuándo debe ocurrir todo; Él y sólo Él sabe el tiempo. Cada cosa debe ser sazonada, dispuesta, tanto en la historia secular como en la Iglesia, y aun en los ámbitos espirituales de maldad. Dios se ha ido revelando y dispensándose al hombre en el curso de la historia, a fin de que el hombre objeto de su revelación y de su luz, esté atento a las manifestaciones celestiales, y Dios tiene un tiempo apropiado para el cumplimiento de Sus propósitos. La cosecha no se puede recoger sino hasta que esté madura, y Él sabe cuándo estará madura. El reino no puede manifestarse antes de que los acontecimientos, la Iglesia, la sociedad, el aspecto político y económico del mundo, la globalización, la apostasía, el estado moral humano estén en su sazón. Antes de la segunda venida de Cristo tiene que haberse terminado de formar un pueblo que ha de reinar. Para elo es necesario que el Señor cualificara a Sus discípulos, comenzando por los doce, con la venida del Espíritu Santo, y les fueran abiertos sus ojos, y recibieran poder para testificar, por todas las naciones y a través del tiempo, que Jesucristo, el Hijo de Dios, es el Señor que resucitó de la tumba, y que ha de venir a reinar. Cuando ellos le formularon la pregunta sobre la restauración del reino, en ese momento les quiso decir con su respuesta: Ahora todavía no es el tiempo; hay tantas cosas que ustedes deben saber; nada ha madurado, ni ustedes mismos; ustedes mismos deben abrir sus ojos, pues hay que seguir sembrando, "8Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra".
La Biblia dice que a ellos les llegó ese poder con la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y hubo un tiempo cuando Pedro iba caminando, y traían los enfermos, pero había tanto que hacer, y seguramente no había tiempo para atenderles uno por uno, entonces con la sola sombra de Pedro, los enfermos eran curados por el poder de Dios (cfr. Hechos 5:12-16). Cuando vino el Espíritu Santo, Sus discípulos empezaron a dar testimonio verdadero de lo que realmente es Jesucristo. Mientras regreso, vosotros daréis testimonio realmente de lo que es el reino; daréis testimonio realmente de cuál es el poder de Dios. Daréis testimonio primeramente en Jerusalén (la localidad donde estaban residiendo), daréis testimonio en Judea (la provincia donde vivían), en Samaria (la provincia vecina) y hasta lo último de la tierra, llegando el mensaje a todos los continentes de la tierra, y llegó hasta Colombia, a Bogotá, y a Sogamoso, a Cúcuta, a Santa Marta y a Barranquilla. Nos llegó a nosotros este testimonio del Señor Jesús; y ahora el Señor ha establecido en nosotros Su reino. Ahora en nosotros hay una realidad del reino; lógicamente que cuando Él venga va a haber una manifestación, pero hoy nosotros ya vivimos en el reino. Si nosotros queremos participar de las bodas del Cordero y del reino milenario, debemos reinar desde ahora con Cristo; que Él reine sobre nosotros, y así nosotros estamos reinando, siendo vencedores. Y todos los entes de las tinieblas tiemblan ante el nombre glorioso del Señor Jesucristo.
"9Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo". Al ser glorificado, el Señor Jesús empezó a reinar, sentado a la diestra de Dios, hasta que todos sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies (cfr. Mt. 19:28; He. 1:3; 10:12; Ap. 3:21). A su debido tiempo regresará a esta tierra lleno de gloria, poder y majestad. Que el Señor Jesús abra nuestros ojos para que podamos verlo y vivirlo, y llevarlo profundamente con nosotros a una realidad.

Bibliografía


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de LOS VENCEDORES Y EL REINO MILENIAL

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